Ya no hay Pirineos

Uno pensaba que la Francia eterna aún vivía en el saludable reparo al boche, que el eje francoalemán era un matrimonio de conveniencia y que el filogermanismo alla hispana se limitaba a miembros del FN o aficionados a la mitología nórdica. Bien, pues no. Philippe Masson, en un libro aún no traducido a castellano – hay una posible edición pirata en nuestras repúblicas «hermanas» – revienta mitos en un ejercicio de destrucción creativa.

¿Qué motivos pudo tener Masson, que no masón, para meterse en una historia del ejército alemán después de pasarse la vida en la historia naval? No importa. No importa porque uno descubre en la primera página que donde dije «ejército» en realidad va a ser toda la Wehrmacht. Claro que en la portada ya aparecía Hitler saludando al paso de sus fornidos SS…nadie podrá decir que no estaba advertido.

El libro, en realidad, intenta ser una historia militar de la SGM desde el punto de vista alemán. «Oiga», me dirán, «eso ya lo hacía Luis de la Sierra en 1955». Pues sí; con más gracia y limitándose a lo que conocía. Aquí toca vestirse con ropajes académicos, llenar el libro de notas y parecer moderno abarcando en 600 páginas las operaciones, la economía, la política y la vida cotidiana del soldado. La síntesis histórica es como la repostería: o queda muy bien, o los fallos se notan mucho. Como aquí.

No entraremos en un examen detallado del contenido. El libro no usa fuentes primarias; se limita a refritar, con ese estilo francés tan agradable, opiniones occidentales bien conocidas (Keegan, Liddell Hart, Williamson Murray, Irving, Van Creveld) o alemanas. En caso de duda se opta siempre por las últimas. Los rusos apenas existen: se les intuye a través de Geoffrey Jukes; el único presente, Víctor Suvorov y porque desertó de la URSS. En fin, el libro se escribió en 1994; podría ser la obra de alguien consagrado que no pisa terreno firme y prefiere lo malo conocido. Puede disculparse. Reeditarlo tal cual en 2010 ya no.

Sorprende también el crédito dado a las memorias de los protagonistas alemanes, tanto estratégicos (Dönitz, Guderian, Manstein) como tácticos: Galland, Rudel, Kageneck. Claro que siempre serán mejores que las «fuentes» sobre las condiciones del frente del este: «Guy Sajer» y León Degrelle. ¡Ahí es nada!

Finalmente, las tradiciones francesas quedan intactas en los errores ortográficos de los nombres alemanes. Un auténtico despropósito; a mitad del libro, si uno presiente que habrá nuevas palabras ya se imagina que estarán mal: pues bien, lo están. Todas. Con esto y un apéndice de mapas cutre, que reaprovecha sin duda las transparencias (en acetato) del autor con destino a algún curso por ahí, se cierra el apartado de minucias importantes.

Concluyo. Señores editores españoles: traduzcan este libro, tendría éxito en entornos sin crisis. Señores lectores: ya tienen a Liddell Hart, Keegan, Van Creveld y Jukes en el Ministerio de Defensa y en San Martín. Galland, Rudel, Manstein y demás se reeditan fácilmente y si no, Luis de Caralt queda siempre fiel en las ferias del libro viejo. No pierdan el tiempo.

Guía para la colección "RBA Carros de Combate" 12ª entrega

Guía para la colección "RBA Carros de Combate" 12ª entrega. El modelo en esta ocasión es el voluminoso M1A2 Abrams.

45. El carro de combate M1 Abrams. M1 Abrams Main Battle Tank 1982-1992. Zaloga, Steven. 1993 (47 de la edición anterior). Escrito inmediatamente después de su entrada en combate en Desert Storm, en este volumen todo son parabienes y felicitaciones para un arma que tuvo un debut increíblemente favorable. Vamos, que ha sido el ojito derecho de la propaganda USA pre y posguerra fría, el único momento de todo el siglo XX en el que los EEUU han podido presumir de fabricar el mejor carro del mundo. Y el que más combustible gasta. Y el más simple, aunque caro de mantener. Y sin embargo, creo que sigue mereciendo esa corona, aunque sólo sea porque sus rivales aún no han entrado en combate. Y en la guerra la experiencia es muy, muy importante. Aunque en un principio y como se lee en este libro no se alentaba su exportación, al final ha resultado apto para la venta para ejércitos que naden en petróleo. Y para el Egipto de Mubarak.

46. El vehículo de reconocimiento Scorpion. Scorpion Reconoisanse Vehicles 1972 - 1994. Foss, Chris; Dunstan, Simon. 1995 (75 de la edición anterior). Las Malvinas fueron la Desert Storm de este vehículo para los británicos, al que elevaron en un pedestal, aunque al poco tiempo lo retiraban de servicio. Sigue en uso en gran cantidad de ejércitos de todos los continentes, aunque no, por ejemplo, en la infantería de marina española.

47. El vehículo de combate Warrior. Warrior Combat Mechanised Vehicle 1987-1994. Foss, Christopher. 1994 (22 de la edición anterior). Los soviéticos inventaron eso del VCI (vehículo de combate de infantería) que los occidentales han llevado a la exageración de este Warrior, y el del libro siguiente, el estadounidense Bradley. Ambos son muy parecidos, pero sólo en el aspecto exterior. En este caso, lo de ser un libro publicado en Gran Bretaña sobre un producto de su industria se lleva muy mal, así que el bueno de Foss no se atreve a contar nada malo de este chisme. Como todo lo que han fabricado los ingleses desde el Centurion, ha decepcionado a sus usuarios, consiguiendo superar en precio y complejidad incluso a productos tan mediocres como los franceses. Aunque aún es posible que se modernicen y prolonguen su agonía, parece que la solución pasa por adoptar, oh, cielos, "nuestra" familia de Pizarro/Ulan. Por supuesto, nada de esta información figura en este libro, escrito en 1994.

48. El vehículo de combate M2/M3 Bradley. M2/M3 Bradley Infantery Fighting Vehicle 1983-1995. Zaloga, Steven. 1995 (49 de la edición anterior). El Bradley (y el TOW) sí fue un éxito, tanto en combate como en ventas, aunque de nuevo sólo entre estados que nadan en petróleo. Escrito en 1995 por Zaloga, la información que ofrece, por supuesto, está igualmente muy anticuada.