Colecciones de quiosco: Biblioteca de la II guerra mundial (Planeta) (2)

10 y 11: Varsovia, 1944. La heroica lucha de una ciudad atrapada entre la Wehrmacht y el Ejército Rojo (I) y (II), de Norman Davies
Otras ediciones accesibles en español: en tapa dura, Planeta.

Davies es como esos hispanistas que se enamoran de los toros y el flamenco, y que nos producen vengüenza ajena a los peninsulares que no disfrutamos con los cuernos y los gritos vocálicos. Tan ocupado está defendiendo el ultranacionalismo polaco ante sus lectores anglosajones, que no le importa denigrar por el camino otros pueblos y culturas, y no me refiero a alemanes y rusos. No debió de ir demasiado bien este título (pese a las alabanzas de César Vidal) cuando lo pude comprar de saldo, pero desde luego es muy útil para proporcionar un punto de vista no muy pródigo en las visiones de la segunda guerra mundial en occidente, como es el polaco.

12: El enigma Hess. El último secreto de la segunda guerra mundial al descubierto, de Martin Allen
Otras ediciones accesibles en español: en gran formato, Planeta. Colección Historia y sociedad. En bolsillo, Booket.


Otro título que en edición "cara" Planeta pudo saldar, además de sacarlo en bolsillo. El último de la saga de "yo he descubierto la verdad sobre el misterio Hess," por un Lotham, perdón, Allen, que no duda en incluir todo tipo de especulaciones, amparándose en que como ciertos archivos ingleses siguen cerrados, pues seguro que ahí se lo confirman todito todo. Le habría ido mucho mejor si se hubiera dedicado a consultar los que sí están abiertos, y además en su lengua, como ha hecho Goda que sí, será mucho más aburrido, pero que es el único que se ha acercado al tema racionalmente, es decir, consultando la documentación existente, algo que no es tan divertido como inventarse dramáticas y misteriosas llamadas de teléfono. Un buen resumen puede leerse aquí. También es verdad, si ya me había decepcionado el otro libro de Allen traducido al español, El rey traidor, no veo por qué vuelvo a perder el tiempo... 

13: La caída de los dioses. Los errores estratégicos de Hitler, de David Solar
Otras ediciones accesibles en español: en tapa dura, La Esfera de los Libros.
En bolsillo, La Esfera de los Libros-bolsillo.

El fin del III Reich sigue interesando mucho más que no sus inicios, o su evolución en el gobierno. No he leído este ya clásico de la historiografía en español sobre el tema, pero prometo ponerme a ello en cuanto pueda.

14: Los secretos del día D, de Larry Collins
Otras ediciones accesibles en español: en tapa dura, Ariel.
En bolsillo, Booket.

Anecdotario sobre el desembarco de Normandía. Entretenido (es Larry Collins).

Cantabria despide a otro escritor militar




Demasiado desapercibida parece haber pasado en el mundo histórico-militar de internet la muerte en Madrid, el pasado 28 de febrero, de Emilio Herrera Alonso: coronel del Ejército del Aire y escritor. La mayoría de sus obras están relacionadas con la historia de la aviación militar española; pero su militancia carlista es la que ha motivado la mayoría de necrológicas en la red: ésta, ésta o esta otra.

No es éste el lugar para presentar una lista de sus obras, forzosamente incompleta por propia ignorancia. Tampoco se pretenderá redactar una especie de CV: de poco le servirá. Baste con hacer referencia a la necrológica de "El País" y a la solapa de sus propios libros colgada aquí, así como a la lista aparecida en la “Revista de Aeronáutica y Astronáutica” nº 772, abril de 2008.

Emilio Herrera y Luis de la Sierra son los dos autores histórico-militares cántabros más conocidos del siglo XX (no hablaremos de «importancia» sin conocer bien la obra de Carrero Blanco). Ambos se prestan bien a la comparación, y precisamente eso va a esbozarse seguidamente.

Tanto uno como otro nacieron en 1920: de la Sierra en Santander, Herrera en Veracruz o también en Santander según la fuente –aunque si fuese el primer caso, sería sin duda de padres cántabros. Ambos cursaron el bachillerato en el colegio organizado por los jesuitas en Portugal tras su explusión de España en 1931, por lo que es muy probable que fuesen compañeros de promoción o de clase. Este hecho; que de la Sierra procediese de tres años en el colegio de Orduña -el mismo que el del joven Sabino Arana - y el carlismo de Herrera ya nos indican sus convicciones, sobre las que no se tratará aquí.

Llegada la guerra civil, de la Sierra escoge la Armada en la mejor tradición del Santander burgués –padre arquitecto-, marinero y comercial. Una ciudad que, a pesar del hundimiento colonial y el fin de la guerras carlistas, sigue manteniendo una actividad naval apreciable gracias a la exportación de minerales, la construcción naval ligera, las escalas de las líneas a América y su escuela particular de náutica. Además, y en contraste con la manida identificación de Castilla con lo continental, conserva intacta la fuerte orientación marítima por la que tanto se suspira. Poco queda hoy de todo aquello, tras la conversión en ciudad funcionarial de veraneo y el divorcio puerto-ciudad. En cambio, Herrera, con la infantería carlista, parece escoger el camino del hidalgo segundón de la montaña. No sabemos si su familia poseía casona en algún valle interior: en todo caso, al acabar la guerra decide cambiar al novedoso mundo aeronáutico, en el que otros cántabros ya habían destacado. Inicialmente piloto de caza, sus horas de vuelo transcurren mayoritariamente en hidroaviones:una explicación podría ser la fuerte competencia de oficiales con experiencia real de combate aéreo en la GCE y Rusia.

Las carreras profesionales de ambos están «en desfase». En efecto, de la Sierra vive sus mayores triunfos como oficial en las décadas 1950 y 1960. Alférez de navío en 1943, se le envía más tarde (teniente de navío) a San Diego para ser el primer capitán del dragaminas «Nalón», cedido por EE.UU. a España; escribe sus primeros libros, de gran éxito – «Buques Suicidas» recibe el premio «Virgen del Carmen» y es traducido al italiano-; segundo comandante del «Juan Sebastián Elcano», ya como capitán de corbeta. Navega por el Atlántico, el Mediterráneo y el Pacífico. Sin embargo, misteriosamente pide el retiro en 1972 como capitán de fragata, reingresa en 1980 y vuelve a retirarse definitivamente (también como CF) en 1982.

¿Qué sucedería realmente?. De comentarios recogidos en años de internet –fiabilidad, la que cada lector le dé- unos indican que «debió salirle algo que luego no resultó ser tan bueno como prometía»; otros, que los demás oficiales le consideraban «sospechoso» o «raro» por sus aficiones literarias. Ésta no parece muy creíble, dado que militares leídos antes de 1936 existían unos cuantos; incluso en las armas supuestamente más cerriles. Lo innegable es el aire de amargura y cansancio que se detecta en sus últimos títulos: así, en el prólogo de «Corsarios Alemanes en la Gran Guerra» (1984): escribir de memoria, poco menos que limitándose a recordar los principios generales del arte de la guerra, aprendidos en la Escuela Naval, las Escuelas de Guerra o la universidad, resulta muy fácil, pero no sirve para nada (¿alusión a otros?). O también: a falta de señal alguna de reconocimiento a su labor [la del propio Luis de la Sierra] por parte de nuestras autoridades civiles y militares, al autor le queda la callada satisfacción del deber cumplido. Mencionemos aquí que, aparte del «Virgen del Carmen», todos sus títulos tuvieron reseña elogiosa en la «Revista General de Marina». El último párrafo de «El Mar en la Gran Guerra» también es interesante, por no casar con las tiradas masivas de sus obras: Y ahora[…] hacemos gracia al lector, a ese lector minoritario amante de los barcos que ha tenido la paciencia de seguirnos hasta aquí, de unas consecuencias generales que sólo serían reiterativas y que, a estas alturas, él ya conoce perfectamente.

Mientras tanto, Herrera pasa los mismos años en labores de piloto medio. No sirve en unidades de glamour, equipadas con Sabre, F-104, etc. Se dedica a patrullar por el mar, rescatar náufragos y apagar incendios. Labores harto estimables y de mucho riesgo, pero ya se sabe cómo funciona el asunto «Top Gun». Ocasionales participaciones en la RAA. Es su paso a destinos de tierra (1978, TCOL desde 1976) el que facilita la explosión: Director del Archivo General e Histórico del Aire (1978-1983), vocal del seminario de Estudios Históricos Aeronáuticos (1981), Instituto de Historia y Cultura Aérea hasta su retiro en 1987. Su primer libro, el del tercio de Navarra, es de 1974; pero los de tema aeronáutico publicados por el Ministerio de Defensa forman una serie que comienza en 1987, aunque seguramente el acopio de materiales había empezado antes. Al mismo tiempo es presidente del Centro de Estudios Montañeses (1989-1996), donde sin duda volvería a coincidir con Luis de la Sierra a través de la Institución Cultural «Cantabria» de la que éste era socio desde 1974.

Tenemos, por tanto, dos carreras muy parecidas en su inicio que acaban divergiendo, de forma que sus aportaciones finales son muy diferentes.

Luis de la Sierra escribe libros de divulgación. Divulgación juvenil masculina: los objetivos de la serie «amarilla» de la editorial Juventud son claros, guerra y deporte-aventura. Queda por determinar si de la Sierra utilizó el mejor cauce a mano para crear mentalidad naval entre un público lo más general posible ( y más amplio que los «jóvenes»), o si realmente se amoldó a los propósitos de la editorial. También puede que los primeros libros, más de episodios heroicos y -por ello ejemplares («Buques suicidas», «Titanes Azules») correspondieran al último caso y los relatos continuos al primero.

Pero la divulgación de Luis de la Sierra no es burda simplificación. Al contrario, posee cimientos sólidos. Las ideas básicas de mentalidad naval que intentan transmitir son producto del pensamiento naval profesional de la época; las descripciones que rellenan partes técnicas poseen claras referencias literarias, «salgarianas» como se indicaba en la RGM; el esfuerzo del autor por enjuiciar a la luz de su experiencia y conocimientos profesionales las decisiones tomadas por los distintos comandantes (o las estrategias militares e industriales) sería, según Ortega, de hombre egregio. Lo mismo es aplicable a la labor de síntesis documental realizada. Es también reveladora la simplicidad en la exposición, libre de esos inútiles tecnicismos que trufan cuales nuevos latinajos las obras de no pocos amateurs.

Quedan pendientes la parcialidad a favor del eje y la ausencia de ciertas operaciones. Para lo segundo, la respuesta es simple: cómprese Vd. el War at Sea de Roskill: aquí se trata de otro formato. Sobre la primera, innegable, advertimos al lector incauto. Pero nos preguntamos, sin embargo: hoy, cuando en una colección popular de libros de la 2. G.M. se tratan con igual extensión ofensivas de cientos de km de frente y operaciones de comando cuyo único mérito para tanto detalle es ser anglosajonas, ¿no será un contrapeso saludable ver descritos como la maquinaria angloamericana nunca hará los distintos desembarcos en Noruega, el crucero del Admiral Scheer o los de los mercantes armados?. ¿No será bueno tener una visión de los italianos más natural y próxima a la de nuestra cultura, en lugar de nuevas generalizaciones condescendientes?. En resumen: partiendo del desequilibro, para poder llegar al medio ¿no hay más remedio que compensar el otro platillo de la balanza?. Queda abierto.

Finalmente: los libros de Luis de la Sierra son la parte más principal de su obra. Sus artículos en la RGM, normalmente, consisten en extractos de las obras aún sin publicar que se adelantan al estilo del Reader’s Digest. En sus libros escribe como marino de guerra, pero a título personal: con independencia del cargo desempeñado en la Armada y estilo muy característico. Su labor respecto a las fuentes originales es de síntesis, consistiendo el mayor esfuerzo propio en la aportación fundamentada de sus puntos de vista. No respeta el marco profesional establecido para la creación de historia marítima, sino que se emplea en una editorial civil: traduce también con gran acierto clásicos de la literatura marinera. Luis de la Sierra no es rebelde: pero transita por su propio camino.

Aquí termina el paralelo, a la espera de la lectura de más libros de Emilio Herrera. Con dos no puede pretenderse dar una visión general de su obra: en los próximos meses habrá novedades.

Más libros en bolsillo

Han sido reeditados en bolsillo diversos títulos de la editorial Inédita, ahora bajo el sello de books4pocket: La marcha de la muerte. La retirada a La Coruña de sir John Moore, 1808-1809 de C. Summerville, el ya comentado Los últimos nazis. El movimiento de resistencia alemán, de P. Biddiscombe, y los dos títulos de Álvaro Lozano, Operación Barbarroja y Kursk 1943 la batalla decisiva, el primero de próxima aparición en este blog.