Los desertores de Stalin. Cómo los soldados del ejército rojo terminaron colaborando con Hitler

Edele, Mark: Stalin’s Defectors: How Red Army Soldiers became Hitler’s Collaborators, 1941-1945. Oxford University Press, Oxford, 2017. 254 páginas 70 € (más o menos). Versión digital, 49 €,

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Cuando en 1998 Beevor publicó su libro sobre Stalingrado, una de las novedades que presentaba ante sus lectores era el enorme número de exprisioneros del ejército rojo que colaboraban, e incluso combatían con el ejército alemán. Otra de las tesis sostenidas mayoritariamente por entonces, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, era que el ejército de la Unión Soviética, después de las enormes pérdidas de 1941, debidas a motivos puramente militares, se había convertido en un ejército fuertemente concienciado políticamente, con una enorme proporción de miembros del partido y de sus juventudes, y que gracias a su entusiasmo socialista había alcanzado la victoria.

Ambas afirmaciones no es que fueran contradictorias, sino que habrían más interrogantes de los que cerraban. ¿Por qué tomaron los alemanes al comienzo de Barbarroja a tantísimos prisioneros? ¿No se suponía que el ejército rojo, después de las purgas, estaba formado sólo por fanáticos estalinistas? ¿Por qué el NKVD seguía siendo tan enorme? ¿Cuántos se rendían sin disparar un solo tiro? ¿Cuántos cruzaban las líneas, desertando sin más? ¿Cuántos, de ambos colectivos, colaboraron con las fuerzas armadas alemanas? ¿Por qué motivos? ¿Cuántos, incluso, cogieron las armas contra sus antiguos compatriotas? 

Las respuestas las proporciona en este librito Mark Edele, historiador alemán que desde la universidad de Australia Occidental lleva años desentrañando el alma soviética del siglo XX. El punto de partida lo pone en Ivan Kononov, un comandante de cosacos que se entregó con toda su unidad sin entrar en combate, y que tras varias peripecias colaborando con la Wehrmacht, y en la lucha antipartisana en Yugoslavia y norte de Italia, terminó en Australia, intentando hacerse útil ante el ejército australiano en la guerra fría.  

Fuera de quienes se dejen llevar por sus anteojeras ideológicas, las conclusiones de Edele son sólidas y están perfectamente justificadas. No es imposible, pero sí muy improbable que aparezcan nuevas fuentes documentales sobre esta cuestión, pues si bien los archivos soviéticos en la práctica están cerrados a los extranjeros, Edele ha consultado en este caso las copias de los expedientes de los interrogatorios de los travniki y otros colaboracionistas que compró en su día el Us Holocaust Memorial Museum.  Eso sí, no busquen un análisis cuantitativo exhaustivo, pues llevaría décadas. No están todos los expedientes que guardan los soviéticos, pero sí miles de ellos, cada uno de ellos de decenas o centenares de páginas, escritas muchas veces a mano. Aparte están los interrogatorios realizados por los alemanes, abundantes a partir de marzo de 1942. El gran agujero es Barbarroja, pero en 1941 a la Wehrmacht le importaba poco que los prisioneros se hubieran rendido o hubieran desertado voluntariamente, estaba demasiado ocupada intentando ganar una Blitzkrieg, y la URSS el no perderla. Aunque algún mandamás del Abwehr o de la GFP hubiera querido saber el número exacto de prisioneros tomados en los primeros meses, y sus motivaciones, le habría resultado tremendamente difícil, aun contando con recursos suficientes, saber las motivaciones de los ivanes, pues casi el 80% se rindieron en embolsamientos sin disparar un sólo tiro. En 1941, por cada soldado soviético muerto en combate, había tres o cuatro que preferían rendirse. No sabían qué trato les darían los alemanes, pero sí lo que dejaban en la retaguardia.

Las conclusiones de Edele señalan que, incluso al final de la guerra, una minoría significativa de los prisioneros del frente del este eran desertores, que cruzaban voluntariamente las líneas enemigas. Establece un mínimo del dos por ciento, que pueden parecer pocos, pero incluso ese mínimo dos por ciento supone centenares de miles de hombres que tomaron voluntariamente la decisión de cruzar las líneas enemigas para entregarse en manos de los invasores de la madre patria, con un considerable riesgo para sus vidas. Otro millón y medio desertaron hacia el interior de la URSS, y fueron detenidos por los servicios de seguridad soviéticos. Unos 212.000 tuvieron más suerte y consiguieron ocultarse entre la población civil, y no fueron encontrados. 

En comparación, en los ejércitos occidentales desertaban un 0,02 % de soldados, pero sólo hacia su segura retaguardia. En la práctica el Us Army sólo fusiló a un desgraciado por negarse a reincorporarse al frente, una historia bastante conmovedora que contó Maclean hace tiempo.

Como siempre, ver sólo los porcentajes puede resultar engañoso, pues cuando menos prisioneros se capturan, la proporción de los desertores aumenta, y sorprende comprobar, por ejemplo, que en la segunda mitad de 1944 nada menos que el diez por ciento de los prisioneros capturados por una Wehrmacht en retirada eran desertores.

Las tasas de rendición del ejército rojo lógicamente fueron disminuyendo, pero siempre fueron mayores que las del resto de contendientes. Consuelo para los sovietófilos: son semejantes a las de la primera guerra mundial. Hasta el mismo año de 1945 fue un problema importante, y la principal preocupación del NKVD. Pero igual que no todo el ejército soviético era un bloque motivado por el amor a la patria y al padrecito Stalin en la lucha contra el invasor fascista, los desertores no eran heroicos resistentes contra la barbarie comunista y los opresores nacionalistas rusos, sino que respondían a sus propios intereses. Como señaló un interrogador alemán en marzo 1942, si todo lo que contaban los desertores fuera cierto, hace tiempo que toda la URSS habría muerto de hambre y frío. Los desertores tendían a contar  lo que creían que querían oír los alemanes, a quienes poco interesaba el que les contasen su propia propaganda, y sólo buscaban información táctica útil. 

No me alargo más, por no caer en spoilers. En definitiva, con el permiso de Reese, un interesantísimo estudio, fundamental para entender el frente principal de la segunda guerra mundial, y el fenómeno de los hiwis, que ante todo buscaron sobrevivir entre los dos estados totalitarios más poderosos que haya conocido el planeta. No lo tuvieron fácil. Más que héroes o traidores, fueron seres humanos atrapados entre dos enormes organizaciones sobre las que no sintieron ninguna lealtad, pues a su vez nunca sintieron que les importase su vida. Eran carne de cañón para ambos lados del frente. Complementar esta lectura con el tocho reciente de Thomas Kühne, o con el estudio del mismo Edele de la sociedad estalinista es voluntario, pero casi obligatorio para quien escribe estas líneas. Seguiremos informando. 

Últimos ejemplares de la Saga marinera española de Luís Delgado a precio reducido

Salen a la venta a precio reducido más ejemplares de la editorial Noray de Una saga marinera española de Luís Delgado Bañón, en los sitios habituales, y sobre los seis eurillos:

5. LA FRAGATA PRINCESA: LAS ALTAS CALIFORNIAS

22. EL NAVÍO CONGRESO MEXICANO: MOTÍN A BORDO

23. LA FRAGATA LEALTAD: DEL MAR CARIBE AL CANTÁBRICO

24. EL VAPOR DE RUEDAS ISABEL II

25. EL VAPOR DE GUERRA BLASCO DE GARAY.

26. EL VAPOR REINA DE CASTILLA

Ya a vapor y todo... qué cosas. 

Cierra Libros San Martin

Pues eso, el 7 de agosto cierra la web que venía vendiendo lo que quedaba de la Editorial San Martín. Hasta esa fecha ofrecen todo lo que queda al 50 %.

Sigue habiendo títulos válidos, sobre todo de la segunda guerra mundial y de la guerra civil. Los de la guerra de la independencia de Priego ya están agotados, así como muchos títulos de la mítica Historia del siglo de la violencia; pero es una oportunidad de completar alguna colección, o de hacerse por poco dinero con clásicos firmados por Keegan, Werth, Whitting... incluso títulos "modernos" sobre las Malvinas o Kuwait.


La caída de Francia y la Blitzcosa, de Lloyd Clark

LLOYD CLARK: BLITZKRIEG. Mito y realidad en la guerra relámpago de Hitler: Francia, 1940. Editorial Pasado & Presente Barcelona 2017. (Atlantic Monthly Press, Nueva York 2016) Traducción de Gonzalo García. 474 pgs. Cartoné y sobrecubierta, 39 €

Doctrina,  doctrina, doctrina. El autor es uno de esos apasionados por la doctrina. Si alguien no lo ha pensado antes, no lo ha puesto por escrito y no ha desarrollado unos manuales y procedimientos,  los militares no saben que existe. Es casi justo lo contrario de Frieser, el gran desmitificador de la Blitzkrieg, allá por 1995. Se agradece en todo caso la introducción teórica, no exhaustiva pero sí significativa. Pero mantiene una de las omisiones más fragrantes de Frieser: Polonia. Que sí, que lo de invadir Austria aun sin pegar un sólo tiro fue muy importante a la hora de desplazar tantísimos vehiculos tantísima distancia, pese a que eran recibidos con flores y banderitas. Y ocupar los Sudetes y después Chequia también. Pero como siempre Polonia se despacha con dos líneas. Ese mes combatiendo contra un enemigo real parece que fue menos importante para el desarrollo de la Blitzcosa que las excursiones pacíficas a Viena y Praga.

Por lo demás, estamos ante una excelente y actualizada obra sobre la Blitzkrieg, digamos al estilo Beevor, que combina movimientos militares con testimonios de gente corriente que vivieron en la época. Claro que hay una diferencia inmensa con, por ejemplo, Cornelius Ryan, que pudo hablar con la mayoría de los protagonistas de sus libros, mientras ahora debemos conformarnos con el testimonio de los poquísimos que, simplemente, aún estaban vivos cuando los interrogó el autor, fundamentalmente por haber sido entonces muy jovencitos.

Se agradece la exposición bastante detallada de la doctrina francesa, y no sólo la descripción de las poderosas fuerzas alemanas. Digamos que cada país se preparó para una guerra distinta, pero una vez comenzados los tiros el ser metódico (y lento) no sirve de mucho cuando no sabes dónde está tu oponente, o lo rápido que se mueve. Aunque en las batallas de junio y en los fuertes de la Maginot los franceses demostraron que sabían combatir, era ya demasiado tarde como para conseguir algo más que retrasar algo la derrota.

Siendo el autor inglés, hay una constante voluntad exculpatoria de las responsabilidades de su nación en la derrota. Ah, y sus soldados son los únicos sobre los que cometen crímenes de guerra los despiadados Waffen-SS, sin que mencione para nada otros sucesos, ya que las víctimas no eran inglesas.

Que por supuesto, la derrota es fundamentalmente francesa, y que sí, que Francia y el Reino Unido eran muy débiles en 1937 y 1938... pero ¿y si lo comparamos con la Wehrmacht de entonces, que por ejemplo aún no tenía nada más potente en tierra que treinta Pzkpfw III? Tampoco dedica demasiado a la cuestión de la neutralidad belga, que por un lado motivó que aumentasen su gasto en defensa, pero por otro propició la pasividad aliada, pues no había más remedio entonces que esperar a la agresión alemana para operar en su territorio. ¿Una actitud más decidida del Reino Unido podía haber cambiado las cosas? Chi lo sa. 

En la descripción de las acciones bélicas sigue una buena mezcla de fuentes 'antiguas' (Lidell Hart, Churchill, Colville a fin de cuentas son primarias, pero no Horne o Williams),  con 'nuevas' como Doughty, Frieser, Citino, Robert Kershaw... Cielos, parece que ha sido Ediciones Salamina (antes Platea) quien ha patrocinado la realización de este libro, pues una buena cantidad de sus referencias las han traducido ellos...

El tratamiento de la famosa orden de detener a las divisiones blindadas ante Dunkerque, y dejar la labor únicamente en manos de la Luftwaffe es de lo más novedoso de esta obra, y permitan que no se lo destripe aquí. Digamos que no se trata sólo de quién firmó la orden, sino las discusiones y los motivos para hacerlo.

Las conclusiones son jugosas, aun sin ser revolucionarias. Los mandos franceses no eran irresponsables, incompetentes o necios; sobre todo, eran los elegidos por los políticos para el mando. Los alemanes ganaron más por cómo usaron los medios que tenían, que no por la calidad de los mismos. Aunque Clark no lo mencione, las tropas aliadas contaban con más medios de transporte y de combate motorizados y sobre orugas que no los alemanes, aparte del tópico de siempre de comparar cañones y corazas. Lo que sí resalta es la importancia de la logística alemana, que permitió que no se frenara el avance por falta de combustible o munición. Más que recordar la calidad y ventaja numérica de la Luftwaffe, Clark resalta sobre todo su impacto psicológico, mayor que el efectivo. Hacían más daños las trompetas de Jericó que no las bombas.
  
Vamos, que no está mal, pero no es un Bergström  (o un Frieser). Es más bien pues eso, un 'Beevor', también mucho más legible para quienes les aburren tanto movimiento de tropas. Pero claro, Bergström no cometería errores como escribir que la división de caballería alemana (sólo había una) estaba motorizada, o que la mitad de los carros de Rommel eran checos, y la otra mitad Pz III y IV.

La traducción y edición, excelentes, por fin una traducción sin "señaleros" mandando mensajes, o "pioneros" colocando puentes. En las notas se indican las ediciones que ha empleado el autor, pero en la biografía se han localizado los títulos traducidos al español, un trabajo que siempre es de agradecer, más aún cuando ninguno pertenece a esta editorial. 

Este trabajo, por supuesto, tiene un precio. 478 páginas (incluyendo las de cortesía), por 39 euros. El Barbarroja de Bergström de la misma editorial, publicado el año pasado, también salió a 39 euros, aunque tiene 100 páginas más, 592. El de las Ardenas, de 800 páginas, en 2015... sí, también salió a 39 euros... Ahora está disponible en tapa blanda. Menos mal.

Aquí comprobando fuentes. Curioso, los diarios de Colville ¡están traducidos! No dejará de asombrarme la devoción churchilliana de los editores españoles. 


Y finalmente, algo, que no mucho

Puede que no hayan aparecido en las mesas hasta que otros títulos les han dejado sitio, puede que esta vez llevara limpias las lentillas, el caso es que, finalmente, he conseguido ver los títulos anunciados por Rorrete en un comentario de la entrada anterior. No todos, pero sí algunos, además de otro título interesante.

Al margen de las bromas sobre las rebajas, siempre he considerado este tipo de ofertas como la oportunidad de descubrir nuevos autores, lecturas, y hasta géneros. Nunca me habría animado a leer novela negra sin los saldos. Y qué decir de los autores que he descubierto. Philip Roth, Iain Banks, Terry Pratchett, Phillip José Farmer, Kurt Vonnegut, o ya dentro de esto Zaloga, gracias a los saldos de esa primera adaptación horrorosa de Ediciones del Prado de los títulos de Osprey.

Evidentemente cada sitio tiene su ritmo, pero bueno, quienes no vivan cerca de esos centros del consumismo desatado o de humildes mercadillos, que alguno queda, los tienen a la venta a 5,95 € en la web de librerías on-line como casadelibro. Por ejemplo, Secretos del tercer Reich, de Guido Knopp, que no he visto físicamente, está en la web. En cambio, la biografía de Ana Frank de Melissa Müller ni la he visto, ni está en tienda virtual conocida.

En la foto puede verse a la venta La gran guerra de nuestro tiempo de Michael Morell, y Operación impensable de Jonathan Walker, ambos de Crítica. y también las Pequeñas grandes historias de la segunda guerra mundial, de Jesús Hernández. Es una buena oportunidad para llevarse a casa uno de los mejores libros de Hernández, aunque aviso que no es para una lectura lineal, como por ejemplo Los magos de Hitler, sino más bien una pequeña enciclopedia, muy condensada, de pequeñas grandes historias, muchas trágicas, otras más bien cómicas, que se pueden leer en cualquier orden, y que también sirve como repositorio de un buen montón de datos. Ideal para armar un Trivial Pursuit de la segunda guerra mundial, ampliando algo el que ya figura al final del libro. No son sólo anécdotas curiosas, sino también detalles importantes de aspectos de la guerra que no suelen tratarse, como el frente interno, la economía de guerra, o acontecimientos olvidados, pese al enorme número de muertes implicadas, como la hambruna en Bengala, que hace palidecer incluso las matanzas de los bombardeos sobre Europa, o en el frente oriental.

El libro sobre Isis/Daesh/comoquieranllamarloahora me temo que ya tiene fecha de caducidad, aunque quién sabe. La Operación impensable, las precauciones ante una posible continuación de la guerra ya sin Alemania entre la URSS y los occidentales, supongo que será de interés para estudiosos de la guerra fría, pero menos de la SGM. Pero bueno, no es  muy gordo.

Y eso es todo, de momento.

De momento, nada o poco. El futuro está en las re-rebajas

Entre tanto libro de presentador televisivo, siempre hay sitio para una portada con esvásticas...


Como todos los años por estas fechas, los editores limpian sus almacenes de libros que ya consideran invendibles al precio al que salieron, y que de esta forma tienen una segunda oportunidad en nuestras estanterías. Algunos hacen esta limpia muy de cuando en cuando, otros apenas a los dos años.

Este año, como tantos otros, los protagonistas de estas rebajas son Best-Sellers fallidos, novelas románticas, de esas que veremos pudorosamente forradas con papel en playas y piscinas, y libros de famosos que ya no lo son tanto.

Y como siempre, nada de historia, o de libros de largo recorrido. Pero también como otros años, seguramente ese tipo de saldos tardará algo más en aparecer.

Mientras tanto, tenemos ante nosotros un nuevo concepto: las re-rebajas. Quedan saldos de otros años que hay que quitarse ya de encima a cualquier precio, para dejar sitio a los nuevos. Así que, como muestra la foto, puede completarse alguna colección por tres euros. Y a seguir esperando.



De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia...



Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.



A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando...

El invierno no es tu camarada


Xose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama "nueva historia militar", una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos "de las mentalidades" lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.

Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas... (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío. 

Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos...) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas...). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer. 

Y no es para tanto. No me parece que Xeisas "mate al padre" con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza. 


los indios caníbales de Texas


comanches
cheyenes
S. C. Gwynne: El imperio de la luna de agosto. (Empire of the Summer Moon. traducción de Víctor V. Úbeda). Ed. Turner, Madrid 2011. 488 pgs. 
John H. Moore: Los cheyenes (The Cheyenne) Ed. Ariel, Barcelona 2004. 344 páginas.
No sé hasta que punto el guionista  y director de Bone Tomahawk  (2015) se ha inspirado mucho, o poco, en los recientes estudios de las culturas nativas norteamericanas a la hora de perpetrar su película, un cruce de Centauros del Desierto (1956) con Las colinas tienen ojos (1977), y muy inferior, si me permiten la opinión, a otros westerns que ahora están revitalizando el género de una forma que no sucedía desde Sin perdón (1992), como  Deuda de honor (2014),  Young Ones (2014) o Lejos de los hombres (2014). Y eso que yo soy más de espagueti western, de sesión doble en el cine del colegio.
Esta disgresión cinematográfica viene marcada por la lectura de dos libros sobre los indios de las Grandes Llanuras: Los cheyenes de John H. Moore,  El imperio de la luna de agosto, del muy texano S. C. Gwynne.
El libro de Moore es el típico de un antropólogo, aun en clave divulgativa. La tribu a la que dedica sus estudios, los cheyenes, es la mejor, la más guerrera, la más inteligente y la más encantadora de entre todas las existentes. Además, se ocupa ante todo de su posición actual, cómo es posible que los conocimientos de sus tradiciones e historia, y la vivencia de varias de sus ceremonias, le valgan al autor una buena reputación, posición económica y prestigio social, mientras que para los auténticos cheyenes, que en realidad viven y saben del tema bastante más que ningún académico, sólo sirven como fuentes de marginación, desprecio e incomprensión por parte de sus vecinos.
Afortunadamente Moore intenta ver la parte amable del asunto, y describe de forma amena y muchas veces cómica cómo es la vivencia de una comunidad cheyene día a día, explicando de paso algunos equívocos que tienen con los blancos. Por ejemplo, lo tontos que son sus hijos, que llegan a la escuela sin saber siquiera cómo se llaman, pues sólo han usado hasta entonces su nombre indio. Sus conflictos en los hospitales, con toda la familia intentando vivir en la habitación del enfermo. Su concepto de jefatura, que no es precisamente el ir todo el día con un penacho de plumas. Su generosidad social, sus problemas de convivencia y rivalidad actuales con otras tribus, su lucha contra la burocracia, o el miedo que causan entre los payos, digo, los anglos, pues culturalmente han mantenido una serie de valores que los blanquitos han olvidado o simplemente ignoran completamente. Y eso que son vecinos que llevan viviendo juntos varias generaciones. También da informaciones históricas sobre su pasado, con alguna revelación que nos sorprende a los profanos, como que  conocían perfectamente la agricultura antes de que llegara el hombre blanco. De hecho, la conocían casi todas las tribus de la pradera, ya que estaban en pleno proceso de sedentarización cuando la llegada de los caballos cambió completamente su modo de vida, haciendo que la caza del búfalo y el nomadismo se volvieran mucho más rentables. Aunque no hay ninguna narración cronológica al uso, sí se explica el tema de las sociedades o asociaciones de guerreros, aún vivas, como la famosa (por Civilization IV) de los guerreros-perro, o las ceremonias de princesas indias, completamente modernas.
El imperio de la luna de agosto muestra la historia del imperio comanche, desde la perspectiva de sus contactos con los anglosajones que han venido poblando el territorio de Texas desde su independencia hasta ahora, con especial incidencia en la familia Parker,  que inspirara esa obra maestra del cine mitológico que es Centauros del desierto. También describe la vida de uno de sus últimos grandes jefes, Quana Parker, que hizo lo que pudo por reconciliar ambas culturas. Aunque comanche de corazón, siempre quiso mantener el apellido de su madre, Parker, pues sabía que le sería útil en el mundo de los blancos, y que no le perjudicaba desde el punto de vista comanche.
¿Merece la pena desgranar más su contenido? Creo que no. La mejor forma de disfrutar  este tipo de libros que desmitifican la leyenda creada por el cine, es seguir el ritmo que marca el autor, y no los detalles que pueda adelantarles en esta reseña. Digamos simplemente que el personaje de Wayne es más bien… de otra forma. También revela la existencia de una tribu, los tonkawas, que sigue existiendo, y que por entonces experimentaba con el canibalismo ritual, intentando adquirir la fuerza de sus enemigos comiéndose partes de sus cadáveres. Lo que transforma la experiencia de ver Bone Tomahawk como algo más que un experimento de Serie B. La historia y Hollywood, que tiene estas sorpresas.