De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia...



Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.



A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando...

El invierno no es tu camarada


Xose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama "nueva historia militar", una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos "de las mentalidades" lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.

Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas... (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío. 

Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos...) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas...). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer. 

Y no es para tanto. No me parece que Xeisas "mate al padre" con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza. 


los indios caníbales de Texas


comanches
cheyenes
S. C. Gwynne: El imperio de la luna de agosto. (Empire of the Summer Moon. traducción de Víctor V. Úbeda). Ed. Turner, Madrid 2011. 488 pgs. 
John H. Moore: Los cheyenes (The Cheyenne) Ed. Ariel, Barcelona 2004. 344 páginas.
No sé hasta que punto el guionista  y director de Bone Tomahawk  (2015) se ha inspirado mucho, o poco, en los recientes estudios de las culturas nativas norteamericanas a la hora de perpetrar su película, un cruce de Centauros del Desierto (1956) con Las colinas tienen ojos (1977), y muy inferior, si me permiten la opinión, a otros westerns que ahora están revitalizando el género de una forma que no sucedía desde Sin perdón (1992), como  Deuda de honor (2014),  Young Ones (2014) o Lejos de los hombres (2014). Y eso que yo soy más de espagueti western, de sesión doble en el cine del colegio.
Esta disgresión cinematográfica viene marcada por la lectura de dos libros sobre los indios de las Grandes Llanuras: Los cheyenes de John H. Moore,  El imperio de la luna de agosto, del muy texano S. C. Gwynne.
El libro de Moore es el típico de un antropólogo, aun en clave divulgativa. La tribu a la que dedica sus estudios, los cheyenes, es la mejor, la más guerrera, la más inteligente y la más encantadora de entre todas las existentes. Además, se ocupa ante todo de su posición actual, cómo es posible que los conocimientos de sus tradiciones e historia, y la vivencia de varias de sus ceremonias, le valgan al autor una buena reputación, posición económica y prestigio social, mientras que para los auténticos cheyenes, que en realidad viven y saben del tema bastante más que ningún académico, sólo sirven como fuentes de marginación, desprecio e incomprensión por parte de sus vecinos.
Afortunadamente Moore intenta ver la parte amable del asunto, y describe de forma amena y muchas veces cómica cómo es la vivencia de una comunidad cheyene día a día, explicando de paso algunos equívocos que tienen con los blancos. Por ejemplo, lo tontos que son sus hijos, que llegan a la escuela sin saber siquiera cómo se llaman, pues sólo han usado hasta entonces su nombre indio. Sus conflictos en los hospitales, con toda la familia intentando vivir en la habitación del enfermo. Su concepto de jefatura, que no es precisamente el ir todo el día con un penacho de plumas. Su generosidad social, sus problemas de convivencia y rivalidad actuales con otras tribus, su lucha contra la burocracia, o el miedo que causan entre los payos, digo, los anglos, pues culturalmente han mantenido una serie de valores que los blanquitos han olvidado o simplemente ignoran completamente. Y eso que son vecinos que llevan viviendo juntos varias generaciones. También da informaciones históricas sobre su pasado, con alguna revelación que nos sorprende a los profanos, como que  conocían perfectamente la agricultura antes de que llegara el hombre blanco. De hecho, la conocían casi todas las tribus de la pradera, ya que estaban en pleno proceso de sedentarización cuando la llegada de los caballos cambió completamente su modo de vida, haciendo que la caza del búfalo y el nomadismo se volvieran mucho más rentables. Aunque no hay ninguna narración cronológica al uso, sí se explica el tema de las sociedades o asociaciones de guerreros, aún vivas, como la famosa (por Civilization IV) de los guerreros-perro, o las ceremonias de princesas indias, completamente modernas.
El imperio de la luna de agosto muestra la historia del imperio comanche, desde la perspectiva de sus contactos con los anglosajones que han venido poblando el territorio de Texas desde su independencia hasta ahora, con especial incidencia en la familia Parker,  que inspirara esa obra maestra del cine mitológico que es Centauros del desierto. También describe la vida de uno de sus últimos grandes jefes, Quana Parker, que hizo lo que pudo por reconciliar ambas culturas. Aunque comanche de corazón, siempre quiso mantener el apellido de su madre, Parker, pues sabía que le sería útil en el mundo de los blancos, y que no le perjudicaba desde el punto de vista comanche.
¿Merece la pena desgranar más su contenido? Creo que no. La mejor forma de disfrutar  este tipo de libros que desmitifican la leyenda creada por el cine, es seguir el ritmo que marca el autor, y no los detalles que pueda adelantarles en esta reseña. Digamos simplemente que el personaje de Wayne es más bien… de otra forma. También revela la existencia de una tribu, los tonkawas, que sigue existiendo, y que por entonces experimentaba con el canibalismo ritual, intentando adquirir la fuerza de sus enemigos comiéndose partes de sus cadáveres. Lo que transforma la experiencia de ver Bone Tomahawk como algo más que un experimento de Serie B. La historia y Hollywood, que tiene estas sorpresas.