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Inéditos Malabares. Retorno a nuestro Suribachi.

Dado el carácter acomercial de este blog, no pongo enlace; no creo que haga falta, ni que los señores de Bibliostock me lo agradezcan con prebendas o jamones. Pero acaban de revolver entre sus almacenes y llevan a primera fila una buena cantidad de títulos de las extintas editoriales Inédita y Malabar, varios reseñados aquí, en este su blog favorito.

La primera recomendación impepinable: las memorias de Manstein. Como toda autobiografía, miente más que escribe, pero su visión ha marcado la historia de Alemania durante los 50 años siguientes. Y además escribe bien, y dicen que la traducción (de 1956) le hace justicia. Sigue siendo una obra imprescindible para cualquier aficionado a la SGM.


La segunda es... "Barbarroja" de Glantz, imaginativamente retitulado por el editor español. Antes de Stalingrado. Hay que advertir de que se trata de un "Glantz menor", escrito para una colección de divulgación, que parecía querer retomar la senda de los Ballantine de los 70. Glantz ahora está de moda, gracias a la fiebre despertoférrica. Si no os atrevéis con Bergström,  éste es vuestro título.

Seguramente el editor no quiso repetir título con Glantz cuando hacía poco había publicado Operación Barbarroja, creo que el segundo libro de Lozano, aunque el primero en publicarse. Un trabajo encomiable y que ha envejecido bastante bien, mejor que su visión de la batalla de Kursk, superada por posteriores descubrimientos en los archivos soviéticos.

Aquí está la reseña que le hice. Y sigue siendo una lectura recomendable, muy adecuada y adaptada para lectores españoles.

Todavía quedan ejemplares de la edición en bolsillo de otro título reseñado aquí  Los últimos nazis. El movimiento de resistencia alemán 1944-47, que yo recuerde el único estudio traducido al castellano sobre este tema, bastante interesante y desmitificador.

Otro título muy, muy recomendable, varias veces reeditado en español pero siempre con una pésima mercadotecnia: Batallas decisivas de la segunda guerra mundial. 
El señor de la portada no tiene nada que ver. Este libro recoge una serie de escritos de grandes generales alemanes, que cuentan literalmente "sus batallitas", Evidentemente, si queremos conocer en detalle el desarrollo de la batalla de las Ardenas no podemos quedarnos con lo que dice aquí von Manteuffel, pero sin duda lo que cuenta él y el resto de autores de este libro es muy, muy interesante.  

Y qué decir de una de mis batallas favoritas, la de Iwo Jima, título reseñado aquí.

Pacific Alamo. La batalla por la isla de Wake será muy raro que vuelva a reeditarse; estudio minucioso de la más original batalla del Pacífico, en la que son los japoneses quienes desembarcan, y los estadounidenses los que resisten en la islita. También tuvo su reseña. 

Igualmente reseñada en este su blog favorito,  debería estar El puente Pegasus. Aún recuerdo el cuelgue del navegador que impidió que compartiera con el resto del universo mi (buena) opinión de este libro.  


¡Y qué decir de Un puente lejano! un clásico de la literatura bélica. Aunque sus tesis han quedado superadas por nuevos estudios históricos, la narrativa de Ryan no ha pasado ni mucho menos de moda; ya quisieran muchos autores vivos llegarle al talón de sus botas de paraca:

Después de tanta recomendación de testimonios alemanes y de escritores anglosajones, qué menos que visitar otros puntos de vista: las memorias de Rokossovski el deber de un soldado siguen siendo pero que muy legibles, dentro de ese género tan sufrido que son las autobiografías, y más aún las soviéticas escritas antes de 1989. La narración comienza cuando llaman al futuro mariscal para que se reincorpore al ejército, ante la agresión alemana; lo que no cuenta Rokossovski es que entonces estaba en el Gulag, donde había perdido todos los dientes. 

Igualmente recomendables son las memorias de Anders, Sin capítulo final, también muy de guerra fría. Pocos tiros, mucha autobiografía, es el menos militar de los libros que he destacado aquí, aunque resultan muy interesantes, por ejemplo, episodios tan poco conocidos como su participación en la campaña de 1939. Recomiendo acompañar su lectura con la de la novela Las golondrinas de Montecassino” de Helena Janeczek, aunque no esté de saldo.


Y eso es todo, amigos, que dirían en Looney Tunes. No, no recomiendo a Guy Sajer, de dudosa historicidad, o los libros del impostor Paul Carell, en realidad el SS-Obersturmbannführer Paul Karl Schmidt, Pressechef del ministerio de Exteriores de Ribbentrop. No porque sean buenos impostores o malos escritores, sino porque no los he leído. 



A la sombra del convoy

Guión de Toussaint, dibujo de Beroy: A la Sombra del Convoy. Tamaño: 23,5 x 31 Páginas: 96,  Color Encuadernación, Cartoné del bueno. ISBN: 978-84-679-2605-7 PVP: 22,00 €

Esta es una historia belga. Quizás por ello poco conocida fuera de este país. E incluso allí cada vez menos, pues las comunidades valona y flamenca mantienen visiones contrapuestas sobre la segunda guerra mundial, y en ninguna de las dos ajustan del todo estos hechos.

De todas formas, la historia del convoy número 20 lo cuenta mucho mejor esta página dedicada a los hechos,  o la misma wikipedia. Es el único ataque a un tren de deportados hacia Auschwitz realizado por la resistencia de un país occidental: los perpetradores, tres jóvenes de una minúscula organización de la resistencia (CDJ). Equipados con una pistola, una lámpara y papel rojo para simular una luz de emergencia, pararon en medio de la noche un tren con 1631 judíos con destino a Auschwitz, custodiados por una compañía de la  OrPo (policía militarizada alemana), unos 50 hombres armados con fusiles.  

La historia de Toussaint, dibujada por Beroy, parte más o menos de los hechos reales para relatar una impactante historia de las relacciones más bien complicadas, entre los que asaltan el convoy, los que lo custodian, y quienes van encerrados en los vagones de ganado. No llega al nivel, digamos, de Memento, pero sí es algo complicadilla, pues abarca cuatro líneas temporales y una docena de personajes (tres principales). 


Sigo a Beroy desde sus épicos inicios en las revistas de Tountain, en glorioso blanco y negro, y a primera vista no me parecía que fuera el más indicado para un tebeo de estas características, pero he de decir que realiza adecuadamente su labor, e incluso se cuida de dibujar el emblema de la OrPo en los cascos alemanes, o unos Typhoons que podría firmar Hugault.

Aparte del prólogo de uno de los supervivientes salvados del convoy y un par de páginas, poco más hay del concepto tradicional de "comic histórico" al que nos tiene acostumbrados el tebeo francófono. Historia redonda, autoconclusiva, de personas, prejuicios y malentendidos amorosos más que de guerras u holocaustos, merece un lugar en nuestras estanterías.     


La caída de Francia y la Blitzcosa, de Lloyd Clark

LLOYD CLARK: BLITZKRIEG. Mito y realidad en la guerra relámpago de Hitler: Francia, 1940. Editorial Pasado & Presente Barcelona 2017. (Atlantic Monthly Press, Nueva York 2016) Traducción de Gonzalo García. 474 pgs. Cartoné y sobrecubierta, 39 €

Doctrina,  doctrina, doctrina. El autor es uno de esos apasionados por la doctrina. Si alguien no lo ha pensado antes, no lo ha puesto por escrito y no ha desarrollado unos manuales y procedimientos,  los militares no saben que existe. Es casi justo lo contrario de Frieser, el gran desmitificador de la Blitzkrieg, allá por 1995. Se agradece en todo caso la introducción teórica, no exhaustiva pero sí significativa. Pero mantiene una de las omisiones más fragrantes de Frieser: Polonia. Que sí, que lo de invadir Austria aun sin pegar un sólo tiro fue muy importante a la hora de desplazar tantísimos vehiculos tantísima distancia, pese a que eran recibidos con flores y banderitas. Y ocupar los Sudetes y después Chequia también. Pero como siempre Polonia se despacha con dos líneas. Ese mes combatiendo contra un enemigo real parece que fue menos importante para el desarrollo de la Blitzcosa que las excursiones pacíficas a Viena y Praga.

Por lo demás, estamos ante una excelente y actualizada obra sobre la Blitzkrieg, digamos al estilo Beevor, que combina movimientos militares con testimonios de gente corriente que vivieron en la época. Claro que hay una diferencia inmensa con, por ejemplo, Cornelius Ryan, que pudo hablar con la mayoría de los protagonistas de sus libros, mientras ahora debemos conformarnos con el testimonio de los poquísimos que, simplemente, aún estaban vivos cuando los interrogó el autor, fundamentalmente por haber sido entonces muy jovencitos.

Se agradece la exposición bastante detallada de la doctrina francesa, y no sólo la descripción de las poderosas fuerzas alemanas. Digamos que cada país se preparó para una guerra distinta, pero una vez comenzados los tiros el ser metódico (y lento) no sirve de mucho cuando no sabes dónde está tu oponente, o lo rápido que se mueve. Aunque en las batallas de junio y en los fuertes de la Maginot los franceses demostraron que sabían combatir, era ya demasiado tarde como para conseguir algo más que retrasar algo la derrota.

Siendo el autor inglés, hay una constante voluntad exculpatoria de las responsabilidades de su nación en la derrota. Ah, y sus soldados son los únicos sobre los que cometen crímenes de guerra los despiadados Waffen-SS, sin que mencione para nada otros sucesos, ya que las víctimas no eran inglesas.

Que por supuesto, la derrota es fundamentalmente francesa, y que sí, que Francia y el Reino Unido eran muy débiles en 1937 y 1938... pero ¿y si lo comparamos con la Wehrmacht de entonces, que por ejemplo aún no tenía nada más potente en tierra que treinta Pzkpfw III? Tampoco dedica demasiado a la cuestión de la neutralidad belga, que por un lado motivó que aumentasen su gasto en defensa, pero por otro propició la pasividad aliada, pues no había más remedio entonces que esperar a la agresión alemana para operar en su territorio. ¿Una actitud más decidida del Reino Unido podía haber cambiado las cosas? Chi lo sa. 

En la descripción de las acciones bélicas sigue una buena mezcla de fuentes 'antiguas' (Lidell Hart, Churchill, Colville a fin de cuentas son primarias, pero no Horne o Williams),  con 'nuevas' como Doughty, Frieser, Citino, Robert Kershaw... Cielos, parece que ha sido Ediciones Salamina (antes Platea) quien ha patrocinado la realización de este libro, pues una buena cantidad de sus referencias las han traducido ellos...

El tratamiento de la famosa orden de detener a las divisiones blindadas ante Dunkerque, y dejar la labor únicamente en manos de la Luftwaffe es de lo más novedoso de esta obra, y permitan que no se lo destripe aquí. Digamos que no se trata sólo de quién firmó la orden, sino las discusiones y los motivos para hacerlo.

Las conclusiones son jugosas, aun sin ser revolucionarias. Los mandos franceses no eran irresponsables, incompetentes o necios; sobre todo, eran los elegidos por los políticos para el mando. Los alemanes ganaron más por cómo usaron los medios que tenían, que no por la calidad de los mismos. Aunque Clark no lo mencione, las tropas aliadas contaban con más medios de transporte y de combate motorizados y sobre orugas que no los alemanes, aparte del tópico de siempre de comparar cañones y corazas. Lo que sí resalta es la importancia de la logística alemana, que permitió que no se frenara el avance por falta de combustible o munición. Más que recordar la calidad y ventaja numérica de la Luftwaffe, Clark resalta sobre todo su impacto psicológico, mayor que el efectivo. Hacían más daños las trompetas de Jericó que no las bombas.
  
Vamos, que no está mal, pero no es un Bergström  (o un Frieser). Es más bien pues eso, un 'Beevor', también mucho más legible para quienes les aburren tanto movimiento de tropas. Pero claro, Bergström no cometería errores como escribir que la división de caballería alemana (sólo había una) estaba motorizada, o que la mitad de los carros de Rommel eran checos, y la otra mitad Pz III y IV.

La traducción y edición, excelentes, por fin una traducción sin "señaleros" mandando mensajes, o "pioneros" colocando puentes. En las notas se indican las ediciones que ha empleado el autor, pero en la biografía se han localizado los títulos traducidos al español, un trabajo que siempre es de agradecer, más aún cuando ninguno pertenece a esta editorial. 

Este trabajo, por supuesto, tiene un precio. 478 páginas (incluyendo las de cortesía), por 39 euros. El Barbarroja de Bergström de la misma editorial, publicado el año pasado, también salió a 39 euros, aunque tiene 100 páginas más, 592. El de las Ardenas, de 800 páginas, en 2015... sí, también salió a 39 euros... Ahora está disponible en tapa blanda. Menos mal.

Aquí comprobando fuentes. Curioso, los diarios de Colville ¡están traducidos! No dejará de asombrarme la devoción churchilliana de los editores españoles. 


Y finalmente, algo, que no mucho

Puede que no hayan aparecido en las mesas hasta que otros títulos les han dejado sitio, puede que esta vez llevara limpias las lentillas, el caso es que, finalmente, he conseguido ver los títulos anunciados por Rorrete en un comentario de la entrada anterior. No todos, pero sí algunos, además de otro título interesante.

Al margen de las bromas sobre las rebajas, siempre he considerado este tipo de ofertas como la oportunidad de descubrir nuevos autores, lecturas, y hasta géneros. Nunca me habría animado a leer novela negra sin los saldos. Y qué decir de los autores que he descubierto. Philip Roth, Iain Banks, Terry Pratchett, Phillip José Farmer, Kurt Vonnegut, o ya dentro de esto Zaloga, gracias a los saldos de esa primera adaptación horrorosa de Ediciones del Prado de los títulos de Osprey.

Evidentemente cada sitio tiene su ritmo, pero bueno, quienes no vivan cerca de esos centros del consumismo desatado o de humildes mercadillos, que alguno queda, los tienen a la venta a 5,95 € en la web de librerías on-line como casadelibro. Por ejemplo, Secretos del tercer Reich, de Guido Knopp, que no he visto físicamente, está en la web. En cambio, la biografía de Ana Frank de Melissa Müller ni la he visto, ni está en tienda virtual conocida.

En la foto puede verse a la venta La gran guerra de nuestro tiempo de Michael Morell, y Operación impensable de Jonathan Walker, ambos de Crítica. y también las Pequeñas grandes historias de la segunda guerra mundial, de Jesús Hernández. Es una buena oportunidad para llevarse a casa uno de los mejores libros de Hernández, aunque aviso que no es para una lectura lineal, como por ejemplo Los magos de Hitler, sino más bien una pequeña enciclopedia, muy condensada, de pequeñas grandes historias, muchas trágicas, otras más bien cómicas, que se pueden leer en cualquier orden, y que también sirve como repositorio de un buen montón de datos. Ideal para armar un Trivial Pursuit de la segunda guerra mundial, ampliando algo el que ya figura al final del libro. No son sólo anécdotas curiosas, sino también detalles importantes de aspectos de la guerra que no suelen tratarse, como el frente interno, la economía de guerra, o acontecimientos olvidados, pese al enorme número de muertes implicadas, como la hambruna en Bengala, que hace palidecer incluso las matanzas de los bombardeos sobre Europa, o en el frente oriental.

El libro sobre Isis/Daesh/comoquieranllamarloahora me temo que ya tiene fecha de caducidad, aunque quién sabe. La Operación impensable, las precauciones ante una posible continuación de la guerra ya sin Alemania entre la URSS y los occidentales, supongo que será de interés para estudiosos de la guerra fría, pero menos de la SGM. Pero bueno, no es  muy gordo.

Y eso es todo, de momento.

De nuevo, ofertas y saldos

Sí, ya sé que había prometido no volver a aparecer por esos antros de vicio y perdición que son los almacenes, puestos de saldo y libros de lance.  Donde coquetos ejemplares susurran a los incautos desde las estanterías, con la brisa agitando los delicados carteles que anuncian el descuento por volumen. Covachas inmundas que disimulan su condición mercenaria bajo afeites y barnices, cual meretrices pasadas de años y kilos. Dan la apariencia de cultura, cuando son vulgares sacacuartos, que sin piedad ni decencia...



Que sí, que me gustan más las ofertas que el puré de patatas con mayonesa. Qué le vamos a hacer.



A destacar que de nuevo aparece una obra maestra de los estudios sobre el III Reich. La toma del poder por los nazis, de William Sheridan Allen. Por si no les convence mi opinión, aquí tienen una detallada reseña de su contenido.

Y todo esto antes de las oficiales rebajas de verano. Seguiremos informando...

El invierno no es tu camarada


Xose M. Nuñez Seixas: Camarada invierno. Experiencia y memoria de la división azul. (1941-1945). Editorial Crítica, Barcelona 2017,  576 págs.
ISBN: 9788416771943
Nunca me han gustado los linchamientos, los vetos, o las invitaciones al boicot. Por eso he leído este libro. Y antes de que nadie comente nada, también leí en su momento a Pío Moa, cuando sólo había publicado en Encuentro.

Dudo que ninguna otra unidad de este tamaño haya recibido tantísimos estudios, o haya protagonizado tantas obras de ficción. (excepcional la de Prada, por cierto). Y aún así, queda algo que contar. No, no se trata de escribir otra monografía sobre sus capellanes, su servicio de farmacia o postal, sino de observar a la unidad desde la perspectiva historiográfica del siglo XXI, Vamos, lo que se llama "nueva historia militar", una combinación de la cultural, social y de género, nada menos. En qué se diferencia de lo que los antiguos llamábamos "de las mentalidades" lo dejamos para otro día (el gran acento, ahora,  es en la de género). Pero bueno, será que antes estaba de moda lo francés, y ahora prima lo anglosajón barra germánico.

Quien desee una descripción simplemente de hechos y batallas, es mejor que se lea los libros de Xavier Moreno Juliá, a mi modo de ver los mejores, aunque ojo, no es que menosprecie el resto, simplemente son los que he leído y me han parecido buenos. El de Kleinfeld y Tambs, la verdad, es muy guerra fría. Y tampoco soy un experto en este tema, que es ancho y proceloso.

Y pese a que al comienzo el autor expulsa a los amantes del coleccionismo militar, de las descripciones de movimientos de tropas, material bélico, batallas y escaramuzas , de los recuentos de medallas... (loc. 206-207, edición digital) , lo cierto es que se preocupa de situar todos los hechos y realiza un resumen exhaustivo del contexto, desde los primeros grupos fascistas en España hasta la difusión de la literatura rusa, desde la planificación de Barbarroja hasta el asedio de Leningrado, todo en realidad bastante más amplio que en los libros que sólo se dedican a exponer los hechos de armas de la división. La verdad es que puede llegar a parecer excesivo, pero sí es importante respecto a otras obras tan tremendamente centradas en la unidad, que parece que existía en el vacío. 

Respecto a fuentes bibliográficas, autores alemanes y todo eso dejo el asunto a otros que saben muchísimo más del tema que yo. El meollo, la parte más interesante, estriba en desarrollar las miradas que los divisionarios tenían sobre lo que vivían, dentro de su marco educativo, ideológico y cultural, y de cómo los veían los demás, alemanes y soviéticos (estonios, letones, lituanos, bielorrusos...) sobre todo, aunque no exclusivamente (polacos, belgas...). Este punto es sobre el que se ha montado una tremenda polémica, sobre todo entre quienes no se han leído el libro, ni se lo piensan leer. 

Y no es para tanto. No me parece que Xeisas "mate al padre" con lo que muestra en el magnífico último capítulo. Quizás es que este reseñador ya está curado de espantos desmitificadores. Hace tiempo que se le cayeron las charreteras al barro, y (cree) no confundir mito y realidad. Más allá de las frases grandilocuentes, la 250 división de voluntarios españoles ni estaba formada exclusivamente por pícaros y sucios guripas, prestos al combate suicida, ni por hidalgos recién pintados por Velázquez con una oración en los labios y un chuzo en la mano. Y ahí radica su grandeza. 

El rodaje de "Amberes 1944" comenzará en septiembre



Tras una dura pugna con Dreamworks Playtone (de Tom Hanks), Cruise/Wagner Productions se ha hecho con los derechos de Antwerp 1944, una guionización del libro del mismo título, publicado por la Editorial Almena el año pasado.

Aunque Tom Hanks se retiró de la puja, seguramente por lo avanzado de su proyecto In the Garden of Beasts, aún es posible que se incorpore al reparto en el papel de Christoph Klemens Maria Johannes Baptist Graf zu Stolberg-Stolberg, pues le resultaría imposible desarrollar el que más le interesaba, como el ecuánime Von der Heydte.

El reparto, a falta de algún imprevisto, ya está prácticamente decidido. Tom Selleck volverá a ser Dwight D. Eisenhower, y Bruce Phillips, Montgomery. Las valientes enfermeras amberinas, de momento serán Megan Fox, Jennifer Lawrence, Kate Beckinsale y Emilia Clarke, con la posible participación de Clara Lago si se confirma la coproducción española. En este caso es posible que Dani Rovira tenga un papel como el capitán canadiense novato Cecil Law.

Brad Pitt en el papel de "Pip" Roberts, aunque en la ficción mandará una división estadounidense.

Brad Pitt encarnará a "Pip" Roberts, y aún no se ha decidido quién interpretará a Colson, pero el papel estelar se lo reserva Tom Cruise, que representará al intrépido y atractivo escritor que, en la actualidad, investiga la batalla y va encontrando las claves que han silenciado su auténtica importancia. Una conspiración multinacional del silencio, cuyo misterio se revelará sorprendentemente en el último minuto, aunque dejará varias puertas abiertas para continuar como franquicia. Está prevista una serie de dibujos animados, álbum de cromos, línea de juguetes y figuras articuladas coleccionables.
 
Tom Cruise, en el papel del intrépido historiador Paul Caves.

Antes del interés internacional por el proyecto, Daniel Calparsolo estuvo perfilando un proyecto más modesto, con Nicolas Cage de protagonista y  Najwa Nimri, Patricia Vico y Cristina Pedroche como enfermeras. 
Kate Beckinsale en una prueba de vestuario.


El autor está en la actualidad en Bali, preparando la segunda parte, mientras reforman el torreón que se ha comprado en el Bierzo. Una de las partes más difíciles de la negociación fue que aceptase que todos los textos, carteles, etc., que aparecen en la película estuvieran en inglés y no en los idiomas correspondientes, y que no le dejaran diseñar los títulos de crédito. "Deseamos que se estrene en esta década", se han justificado los productores. "Si esperamos a que Cuevas seleccione la tipografía para los títulos de crédito, difícilmente terminaríamos antes del 2020. Es posible incluso que antes actualice el diseño de su blog". 

El rodaje comenzará en septiembre, de 2016, pero el estreno se demorará al menos otros dos años, ya que en lugar de CGI la mayoría de escenas de acción se realizará de forma tradicional, con maquetas y modelos a escala realizadas por un equipo dirigido por Antonio Martín Tello, aparte de la colección de Shermans que ha reunido Brad Pitt, y el P-51 propiedad de Tom Cruise.



Ya están aquí las rebajas del verano (algunas)

Llegan los calores del verano, las editoriales intentan limpiar sus almacenes, y sacan al mercado de ocasión títulos, en ocasiones, tan interesantes como la Biografía de Goebbels de Peter Longerich, un mamotreto que promete horas y horas y horas y horas de lectura. Y diversión.

Llévelo consigo a la playa o a la piscina, y sea centro de atención y comentarios de propios y extraños. Al mismo tiempo, hará deporte. Mucho. Porque estamos hablando de casi dos kilos de peso con sus 1050 páginas, con tapa dura y sobrecubierta. Y fotos en papel couché, como debe ser. Y todo por menos de seis euros, señores, apenas 5,95. Aun si no les interesa no deja de ser una inversión interesante para cuando llegue el apocalipsis greco-zombie y debamos alimentar una hoguera. Algo que sin duda hará mucha ilusión al biografiado.

Otro título interesante, por lo menos de los que de momento he visto, de venta en grandes almacenes, sección ofertas, es el clásico El oro de Moscú y el oro de Berlín, de Pablo Martín Aceña, reedición del 2012 del mismo título publicado por Taurus en el 2001. Abulta la mitad, pero que yo sepa sigue siendo lo último publicado sobre la materia, sin conocer si Viñas va a volver sobre el tema, o va a reeditar sus obras, por supuesto.


Imagino que habrá más, según avancen las fechas y yo visite más sitios. Seguiremos informando.

Viejas glorias, antiguas reliquias, volúmenes polvorientos.

A quien pueda interesar, los cinco volúmenes de la Historia del levantamiento: guerra y revolución de España, del Conde de Toreno, publicados en edición de J. M. Valdueza, pueden comprarse ahora mismo en papel por lo que valía antes un solo volumen, veinticinco euros.

Claro que también pueden descargarse libremente en edición semifacsímil de PDF oceerreado en Google Books, pero a ver quién es el valiente capaz de tragarse estos cinco volúmenes de a 600 páginas cada uno, con la tipografía del siglo XIX

Para los amantes de las tragedias nórdicas, los SS y los libros cuyos autores terminan escribiendo sus consignas en mayúsculas y con admiraciones, parece que García Hispán está saldando sus títulos, mas o menos a mitad de precio. En la foto pueden verse algunos de sus volúmenes, seguramente habrá más o menos por ahí, según se vayan agotando.



También es fácil encontrar aún Ospreys de RBA ya rebajados a 2 €, o a dos por 5 €. Y eso es todo, Seguiremos informando de estas y otras novedades (para nuestros bolsillos) y de las de verdad. Permanezcan atentos a sus pantallas.

ACTUALIZACIÓN: me informan que existe esta otra edición digital, moderna, de la obra del Conde de Toreno, del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, por supuesto libre de derechos. 

Mayo de 1940. Yo, René Tardi, comandante de carros


¡No se dice tanque!

Jacques Tardi: YO, RENÉ TARDI. 1. PRISIONERO DE GUERRA EN STALAG IIB
Traducción de Enrique Sánchez Abulí. Norma Editorial, 192 pgs, B/N (y algo de rojo plano), Cartoné, 24 x 32. PVP: 24,00€
ISBN: 978-84-679-1300-2
Con Tardi me pasa como con Norman Davies; no me gusta demasiado. No me convencen sus propuestas, no me vuelven locos sus dibujos, sus textos. Su discurso a veces me parece demasiado maniqueo, simplista. Pero no puedo evitar comprarme todo lo que producen, mientras espero a que salgan en bolsillo, (o en integrales) las obras de otros autores que, en teoría, me gustan más. Misterios.

Alguien calificó, hace ya mucho, el estilo gráfico de Tardi como feísta. Y si no lo hicieron, ya lo hago yo. Aún prescindiendo de esas enormes masas grises que tanto aprecia, su dibujo como mucho puede calificarse de correcto. Pero ¿por qué paso tanto tiempo admirándolo?. No entiendo como algún wikipedista lo ha querido clasificar en la línea clara, cuando en realidad es lo más opuesto que existe al espíritu hergeliano {[doble sic]}. Representa el lado oscuro (o más bien grisáceo) de lo que los adoradores de Tintín siguen considerando como un canon, tanto en la elección de temas, como en lo visual y en lo narrativo. Pero qué quieren, tiene su aquel. Su cosa. Su algo. 


Tardi no ama a sus personajes. Si es que los hay. Normalmente sólo hay uno, ya se llame Adèle Blanc-Sec, Nestor Burma o Eugène Varlot, que narra y protagoniza la historia al mismo tiempo. Aunque hacen como que hablan con otros personajes siempre están solos, sin nadie de quien fiarse. Si hay un diálogo, como en este caso entre padre e hijo, sabemos que es ficticio; no existe un padre con sus propias ideas y personalidad, como sí la tiene en el Maus de Spiegelman; sólo es un monólogo, al estilo de Même. O de Beckett.

Las historietas de Tardi adolecen, además, de lo que ahora se ve como un defecto en cualquier obra visual que se precie: llevan mucho texto. De hecho, en este tomo, como en otras obras suyas (por ejemplo, las adaptaciones de Leo Mallet) la historieta retrocede e involuciona hacia el relato ilustrado, con viñetas muchas veces decorativas (¡esos tanques!) y donde con sólo el texto podríamos seguir la narración sin problemas.  

Tardi no es para nostálgicos de Boixcar y, aunque suelta muchos tacos, y de los de verdad, tampoco compite con el Sargento Gorila. Su pacifismo no es impostado, aunque a veces parezca una excusa para dibujar chismes bélicos. Aquí, después de sesenta páginas de carros de combate, René Tardi y su hijo se meten otras 120 en la fría y plomiza Pomerania, narrando una rutina carcelaria que poco tiene que ver con las películas clásicas de oficiales fugándose, y sí mucho con la realidad más prosaica del trabajo forzado, de cómo evitarlo, del aburrimiento, y de las visitas a las letrinas, un asunto clave. Porque los planes de fuga están muy bien, pero lo que se te queda grabado es la disposición de las letrinas... seguro que los lectores veteranos entienden de lo que hablo.

Pero vamos a resumir, que aquí se habla de Tardi y cómo nos cuenta la historia de su padre. Este primer tomo narra cómo vivió la batalla del Sedan en 1940, que ya de por sí vale un potosí para cualquier interesado en la segunda guerra mundial. El 15 de mayo, el sargento Tardi, con su lacónico conductor-mecánico, parten a defender un puente con su carro, en solitario. Y así pasarán el resto de la campaña; todo un ejemplo de cómo empleaba sus medios el ejército francés. 

La segunda parte, que como indica el título, está dedicada a su estancia en un campo de prisioneros, es un buen complemento a otras obras que últimamente se están haciendo sobre esta parcela de la historia militar, que hasta ahora, con alguna muy solitaria excepción, como mucho se acordaba de las condiciones de los señores oficiales. 

Tardi ha visto en esta ocasión su dibujo rellenado con dos tonos de grises y algunas manchas de rojo por su hija, Rachel Tardi, que le han merecido un premio en la Feria de Sollies-Ville a mi juicio muy merecido. 

Y nada más. Yo creo que ya he largado lo suficiente. Disfruten de su lectura. Yo ya lo he releído por lo menos tres veces, y no por la inconsistencia de que la única unidad que menciona sea el 504e régiment de chars de combat, que a fin de cuentas no es con el que entra en combate, sino porque tiene ese algo, esa cosa, que pocas veces podemos palpar en una obra de este tipo: autenticidad. 

Los héroes no siempre cabalgan al frente de sus tropas

Indro Montanelli El general de la Rovere, trad. Domingo Pruna, Confluencias, Almería, 2013, 110 pp. ISBN: 978-84-940669-8-6

¿Merece la pena hurgar entre los montones de libros que los libreros de viejo ponen en la calle, inmisericordes, a uno o dos euros, en montones amorfos? Sí, aunque cada vez menos. En este caso tenemos, tras una de las portadas más horribles que puedan imaginarse, una de las mejores historias (y película) que se han realizado sobre la segunda guerra mundial. O, ya puestos, sobre la cambiante condición humana. Aparte, la editorial Confluencias ha reeditado esta edición de 1969 en un envoltorio sin duda más digno para figurar en la primera fila de nuestras bibliotecas, pero qué quieren, algunos somos así: coleccionistas de primeras ediciones, eso es lo que somos.

Aparte del relato que da título al libro hay unos cuantos más, todos ambientados en la inmediata preguerra o posguerra, y todos de por sí interesantes, buenos reflejos de cómo veía Montanelli a sus vecinos europeos. El universo colaboracionista se asoma de forma tímida, además de todo tipo de personajes que van desde encantadores estafadores a rígidos coroneles sajones, incapaces de la menor iniciativa, e implacables en la obediencia. Cierra el volumen un Quisling no por breve menos rotundo. Montanelli tiene méritos para ser conocido en España por algo más que sus historias de Roma y Grecia. He aquí una muestra.



Sólo para gourmets

Hay otros libros sobre las Waffen SS, pero no están dentro de este. Y mira que es grueso.

Jean-Luc Leleu: Waffen SS. Historia completa de las tropas más temidas de la Segunda Guerra Mundial. Traducción de
Carlo Caranci de La Waffen-SS : Soldats politiques en guerre (2010). La esfera de los libros, Madrid 2013. ISBN 9788499708942. 1 300 páginas, cartoné. 39 €

En nuestro idioma se han publicado muchísimos libros sobre las Waffen SS. La mayoría están profusamente ilustrados, a veces con pies de foto correctos. Con una excepción, que yo sepa, todos mantienen su puntito de políticamente correctos, recordando en un párrafo (o dos páginas) alguna de las atrocidades más famosas cometidas por estas tropas.

 Generalmente, el texto está redactado para un público culturalmente anglófono, y trazan una historia más o menos coherente sobre el nacimiento y desarrollo de este ejército político privado, reflejando de paso algunas de las fobias y filias del autor, sobre algún personaje o unidad. Casi siempre se incluye una guía de equipamiento, insignias y uniformes, que en realidad muchas veces son lo que motivan su compra por parte de modelistas, pintores de figuras o coleccionistas.

 La obra de Leleu se sitúa en las antípodas de esos libros.

Mil trescientas páginas, y casi dos kilos de peso. Sin fotos en la edición española, aunque con un apéndice de noventaipico páginas de gráficos y estadísticas; por algo Leleu trabaja en el Centro de Investigación de Historia Cuantitativa de la Universidad de Caen.  De hecho, aunque no sé si al mencionar esto aumento o disminuyo su atractivo, de esas 1 300 páginas unas cuatrocientas son de notas, bibliografía y apéndices. Sin índice analítico. Y todas ellas para narrar lo que el editor llama “la historia completa de las tropas más temidas de la segunda guerra mundial,” aunque no en el sentido usual del término. Nada de desarrollos de la institución, batallas, o mapas con unidades moviéndose en campañas. Nada de anécdotas de veteranos, o citas de generales. Aunque el traductor se esfuerza en hacer el libro más accesible, con notas sobre qué pasó en Dieppe en 1942, o dónde está la Turquía Suaba, aquí nadie te explicará qué era el HSSPF o la Reichsfürung-SS. Cuando se mencione a Berger, a Eicke o a Hausser, no digamos Dietrich o Panzermeyer, el autor da por sabido que conocemos perfectamente no ya su biografía, sino el cargo concreto que ocupan en las fechas en las que los menciona. Aparte de la cronología, también da por sabida la bibliografía anterior. Los debates, ya muy superados, entre admiradores y detractores de los Waffen-SS, aquí ascienden a otro nivel: la comparación con las ya no tan impolutas fuerzas armadas alemanas.

 No es un libro para pusilánimes. Como las Waffen-SS en sus inicios (es decir, cuando no se llamaban así) es ferozmente elitista y sólo está al alcance de los elegidos; de hecho, es la tesis doctoral de Leleu, no sé si ampliada o sólo actualizada, ya que integra con soltura la bibliografía más reciente, incluso las obras  aún no publicadas de autores como Trang. Al mismo tiempo es muy respetuoso con autores de los años sesenta, como Höhne o George Stein, y considera que su trabajo apenas ofrece matizaciones sobre los anteriores.

Pero qué matizaciones… las diversas facetas del reclutamiento se llevan 350 páginas. El equipo no llega a cien, mientras los aspectos morales e ideológicos las superan ampliamente. No sigo desgranando el índice, que a fin de cuentas está a disposición de cualquier posible comprador; baste advertir aquí que no encontraremos combates o listas de unidades. Esto es historia cuantitativa, y lo que importan son los datos, puros y duros, y cómo interpretarlos. Por poner un ejemplo, el lector se enfrentará a la paradoja de que la mayoría de miembros de las SS generales antes y durante la guerra prefirieron incorporarse a la Wehrmacht, y no a su propio brazo armado. Ciertamente es un hecho ya contemplado por ejemplo, por George Stein, y que registra hasta Lumsden, pero que Leleu puede desgranar con precisión milimétrica y estadísticas a mano. Estadísticas, por cierto, en muchos casos ya preparadas en el departamento de estadística de las SS, por el equipo que dirigía el famoso y eficiente Richard Korherr.

 Esto no implica que no se analicen asuntos más inmateriales como el sistema de valores de las Waffen-SS. Y no siempre de forma negativa; por ejemplo, estamos habituados a la idea de que, al instituirse un sistema separado de justicia para sus miembros a partir de 1940, se evitaba el posible bochorno de ser encausados por alguna que otra masacre; pero no con la consecuencia de que sus tribunales fueran mucho más duros que los del ejército en temas criminales como el robo, la deserción o los crímenes sexuales. Las penas de muerte muchas veces se intentaba que fueran útiles en un batallón de castigo, pero cuando se buscaba la ejemplaridad se ejecutaban de forma sumaria, como en casos de homosexualidad, o el de cinco miembros de la Leibstandarte por un robo de gallinas en Flandes, lejos de todos los frentes, en la primavera de 1944.

¿Cómo se pasó de un puñado de guardaespaldas a un ejército privado que casi llega al millón de miembros? Aquí Leleu pone la atención en el genio rapaz de Berger, más que en Himmler o en un condescendiente Hitler. La supuesta rivalidad con la Wehrmacht, analizada día a día, resulta más una invención de la posguerra que una animadversión real y sentida. Lo cierto es que a las instituciones de la Wehrmacht, fuera de casos puntuales, no le incomodaban demasiado las actividades de las Waffen-SS a la hora de distraer recursos o reclutas, aunque prefería que los buscase en graneros externos a los suyos. Al final de la guerra no dudó en ponerlos de ejemplo y modelo ante sus reclutas.

Y así va desgranando uno a uno todos los juicios de valor que hasta ahora se tenían sobre esta formación, que abarcaba desde las mejores y más selectas unidades que podían concebir Hitler y Himmler, a aquellas formadas por los más alejados del guerrero germánico ideal, como los musulmanes bosnios, los prisioneros indios o los ucranianos de la Galitzia (y más allá).

 Después de que, a principio de siglo, Bartov, Overy, Johnson, Evans, Netzel Aly (y los documentales de Knopp, y las miniseries de la ZDF) hayan demolido el mito del ejército alemán como un ente apolítico alejado del nazismo, Leleu se enfrenta con la paradoja de unas Waffen-SS no demasiado distintas del resto de fuerzas armadas alemanas, tanto en los aspectos ideológicos como en los militares. De hecho, mientras el Heer (y en general toda la Wehrmacht) con la evolución de la guerra se iba nazificando, insistiendo sobre todo en el liderazgo mesiánico de Hitler, las Waffen-SS por el contrario se volvían cada vez menos ideológicas. Por un lado, aceptando a reclutas de cualquier procedencia, pero por otro insistiendo en su propaganda en temas más nacionalistas y patrióticos, y menos en zarandajas revolucionarias. Himmler en particular mostró siempre un gran pragmatismo político a la hora de situar más y más reclutas bajo sus órdenes, que no, ojo, bajo las runas aún sagradas de las SS a secas. Y era capaz de justificar las más atroces matanzas ante un público entregado, como el personal de la Leibstandarte, para a continuación negarlas como simple propaganda aliada frente a los miembros de la 17º división Götz von Berlichingen, en buena parte alsacianos nacidos en 1926.

 El interés del libro se incrementa capítulo a capítulo, por lo menos para el que escribe esta reseña. Y no son sólo los gráficos y las tablas, también están las conclusiones finales, que no vamos a desgranar aquí.

Aún así, ni siquiera en ese sentido es una “historia completa” como subtitula la edición española; su interés está centrado en las divisiones que lucharon en Francia en 1944, sobre todo la 2ª, 9ª, 10ª y 12ª. Aunque dedica mucha atención a los variados contingentes volkdeutsche, los amantes de las divisiones exóticas apenas encontrarán que se las mencione alguna vez, lo cual no es extraño en tanto que intenta centrarse en el núcleo duro de divisiones que consiguieron para las Waffen-SS su reputación, una reputación que veremos muy semejante al de otras unidades con conciencia de élite, y que como en ellas estaba sustentada en buena parte por los medios de comunicación. Tampoco presta mucha atención a unidades como la Totenkopf, la Wiking, o en general a lo que ocurría en el frente del este.

En cuanto a los defectillos editoriales patrios, los de siempre, alguna que otra errata en el texto, y en los cuadros finales. Los gráficos se nota que se han realizado a color, y su conversión a grises es a veces algo confusa. Rechina que se llame “fusil ametrallador” a ametralladoras de cinta como las MG 34 y MG 42, pero seguramente el culpable es el uso de Leleu del término, lingüísticamente correcto, de fusil mitrailleur. Y sobre todo, se echa muy de menos la inclusión de un índice analítico.

Los saldos ya no son lo que eran

Antiguamente, cuando una editorial descatalogaba un título o colección, vendía los restos a un mayorista, que a su vez los iba distribuyendo entre los que se pasaban por su almacén, que a su vez los vendían al publico en ferias y rastros. Ahora las editoriales directamente negocian con grandes almacenes y cadenas de librerías, y lo que antes eran ejemplares de baratillo, vendidos en tenderetes al aire libre ahora se ofertan como maravillosas rebajas de la cadena en cuestión. Con unos precios no precisamente de escándalo, en torno al 50% del anterior PVP. 
En este enero lluvioso, son varios los títulos de la editorial Actas a los que ha tocado este destino. De venta en sus grandes almacenes y cadenas de librerías, posiblemente también los encuentren en sus páginas web, pero raramente en el rastro, mercado de San Antoni o Cuesta de Moyano: 






Por cierto, el más interesante me parece que no sale en las fotos, más que esquinadamente: Okinawa, la última batalla, de Bill Sloan, publicado por Crítica en 2008.

Heydrich, la furia del converso

Robert Gerwarth: Heydrich: el verdugo de Hitler (Hitler's Hangman: The Life of Heydrich, 2011 Yale University Press). Traducción de Javier Alonso. Editorial La Esfera de los Libros, Madrid, 2013. 584 pgs. Edición en papel, Cartoné, 33.90 €. Edición digital traducida: 9,49 €. Para Kindle: 9,02 €. Edición digital, en inglés, 13,5 €.

El subgénero de "biografías de nazis" sigue de buena salud en España. Además de poder elegir entre distintos títulos sobre Goering, Goebbles, Hitler o Himmler, ahora contamos con la última sobre Heydrich, y con una portada mucho mejor que la original. 

Robert Gerwarth no es aún, por edad, uno de los gurús en esto del III Reich, a la manera de Kershaw o Evans. Pero apunta maneras. Lo primero que se agradece de este texto es la calidad de la traducción. Aunque no se han molestado en buscar referencias en español de la bibliografía, por lo menos nos ahorran los molestos ripios que tienen muchos títulos traducidos desde la ignorancia más absoluta de la materia que tratan. Por lo demás, esta biografía dicen que supone un gran avance desde las anteriores, un salto parecido al que se ha dado con las de Himmler desde la de Padfield a la de Longerich

Este libro cuenta a la vez la vida de una persona, y el comienzo del holocausto.  En el segundo aspecto Gerwarth no innova demasiado, sigue fielmente a Browning, Friedländer y Longerich. Pero en el primero sí da bastantes sorpresas. A Heydrich siempre se le ha retratado como un monstruo, un ser abyecto y despiadado, el prototipo de malvado nazi de película de propaganda bélica que se precie. La moda iniciada por Arendt en sus reportajes sobre Eichman de retratar a los perpetradores del holocausto como burócratas sin empatía, seres capaces de organizar el traslado de seres humanos al matadero como si fueran berenjenas o pollos, no afectó demasiado la imagen de Heydrich. que sigue igual de malvado y perverso, por ejemplo, en el estudio de Callum Macdonald (1989). No llegué a leer la última "gran" biografía de Heydrich de Max Williams (dos tomos, 2001, 2003), ni la de Whiting (1998), un autor que ya me decepcionó en otros trabajos suyos, y parece que no me equivoqué demasiado, dado que Gerwarth apenas los cita dos veces... y una de ellas es en la bibliografía. Tampoco he leído (aun) la reciente novela sobre su asesinato (HHhH, de Binet) pero sí he visto casi todas las películas que se han realizado sobre el mismo, desde la de Lang y Brecht hasta las soporíferas y detalladas miniseries de la televisión checa. Así que no es de extrañar que el planteamiento de esta biografía me haya cogido un poco por sorpresa: Heydrich como ser humano. 

Comienza, justamente, por su famlia, a la que hasta ahora se ha retratado como pozo inmundo de acomplejados y antisemitas fracasados. Nada más lejos de la realidad: cierto que su padre no llegó a ser un nuevo Wagner o Strauss, pero tampoco ha habido tantos compositores alemanes que llegaran a representar sus obras, incluso una ópera, en la segunda mitad del siglo XIX. Su conservatorio en la ciudad prusiana de Halle fue, hasta la primera guerra mundial, un próspero negocio y una institución cultural de primer orden, un logro nada desdeñable para el hijo mayor de la viuda de un cerrajero, que siempre se preocupó de los suyos. Los rumores de su "ascendencia judía" por intrigas de un antiguo alumno expulsado tampoco marcaron tanto su vida, ni la de sus hijos, como biógrafos anteriores han venido repitiendo desde 1932. Resulta además que ni su padre ni el joven Heydrich fueron miembros de esas oscuras organizaciones antisemitas radicales, en cuyos registros Gerlach no ha encontrado rastro. 

Se conoce perfectamente en qué trabajó en la Kriegsmarine, los motivos de su expulsión, incluso que no se había interesado para nada en política hasta conocer en 1931 a su futura esposa y a su familia, nacionalsocialistas de primera hora. También desmiente todo lo que se ha escrito hasta ahora (o es posible que hasta Williams) sobre sus malas relaciones con Himmler, o con Canaris. Pero tampoco es que se trate de que todos los biógrafos hayan ido repitiendo lo que decían sus subordinados en la posguerra, también encuentra nuevas miserias, como su negativa de ayudar económicamente a sus padres, apenas dos años y medio después de que le ayudasen  a casarse justo cuando había sido expulsado con deshonor de la marina. Una expulsión, por cierto, y aun en el contexto de uno de los peores años de crisis en Alemania, que no le impidió el poder elegir, entre varias ofertas de trabajo, una de las peor pagadas: organizar el servicio de seguridad interna para un partido político. Eso sí, con derecho a vestir uniforme. 

Lo más terrible de este libro, repito, no es que sea la biografía de un monstruo, sino la de una persona no muy distinta a cualquier otra. Poco a poco vamos comprendiendo que ensayistas como Arendt apenas se distrajeron con los flecos de una realidad mucho más compleja y deprimente: que convertirse en verdugo está al alcance de cualquiera de nosotros.


La falsedad del falso buscador de falsificaciones



Con lo que está cayendo durante toda esta semana en la prensa, era inevitable que, más pronto o más tarde, algún opinador escribiera una columna recordando las grandes falsificaciones de la historia, para que la iletrada plebe fuera capaz, cielos, de razonar que todo eso que publican diarios tan alejados política y empresarialmente entre sí como El mundo, el País, ABC o La Gaceta, sobre un tal Bárcenas, son patrañas basadas en burdas falsificaciones.

Así que, mientras alguna ministra de trabajo demuestra que no tiene ni la más remota idea de cómo se lleva la contabilidad de una empresa, el prestigioso columnista César Vidal da muestras de su erudición en el espinoso asunto de las falsificaciones a lo largo y ancho de la historia. Tachán.

¿Por dónde empieza? Por el Génesis, por supuesto, que todos sabemos que es un libro muy histórico. Cronológicamente, se supone, seguimos con "Egipto y Mesopotamia", y sus famosos sellos, lástima que el orden en la oración debiera ser el contrario, ya que los sellos mesopotámicos precedieron, y mucho, a los egipcios.

Prosigue, por supuesto de forma cronológica, con Pablo de Tarso y la famosa referencia de la 1º a los Tesalonicenses, en la que advierte que se fijen en su firma, y desconfíen de otras posibles cartas que no sean suyas. Vaya. Por fin algo que pudiera tener algo que ver con el tema. Porque los sellos en la antigüedad, como sabe cualquier estudiante de 1º de historia de cualquier facultad pública, ante todo servían para marcar propiedades, y no firmar documentos. Que también lo hacían, pero que no era su uso principal.

Pero regresemos a la disertación vidaliana. Ahora salta graciosamente... ¡A 1942!  ¡Los malvados nazis, que se dedicaban a falsificar billetes ingleses! Sí señor, muy bien traído respecto a los libros de contabilidad que están ahora en cuestión. Pero qué podemos esperar, es uno de los periodos favoritos de don César, que seguramente jamás ha oído hablar de la reductio ad Hitlerum o la ley de Godwin.

A continuación, no sé si para disimular, nos cita la figura de Frank W. Abagnale, aunque sin mencionar en ningún momento el film de Spielberg que le hizo famoso, no sea que alguien le acuse de peliculero, o que su erudición es de baja calidad... así que tranquilos, sin cerrar el párrafo ya ha vuelto a los nazis, y al gran caso con el que llena la mitad de su columna: los diarios de Hitler.

¿Por qué son tan interesantes estos falsos diarios? Para empezar, pasaron los controles de un medio tan prestigioso como la revista Stern en 1983, y de varios destacados historiadores, e incluso menciona tres análisis grafológicos peritajes caligráficos, unánimes en establecer su autenticidad. Qué casualidad, como ahora. Claro que, para empezar, olvida que si los diarios pasaron los análisis grafológicos peritajes caligráficos -y no de forma unánime- fue porque se usaron para la comparación otras muestras de letra del mismo falsificador.

Pero continuemos. Un comentario de un antiguo colaborador de este blog, Weidner, llama mi atención sobre una frase muy curiosa:

Pero no todos estaban tan convencidos de la veracidad de los diarios. El canciller alemán Helmut Schmidt dudaba de su autenticidad y decidió comprobarla..
Algo que a mí no me sonaba en lo más mínimo, pero es que Weidner recordó que, en 1983, Schmidt ya no era canciller. ¿Por qué a Vidal le interesa señalar que es todo un jefe de Gobierno el que hace investigar este asunto?

Podemos ser malpensados, y sospechar que, en su búsqueda de alienar a Rajoy con la Verdad y la Transparencia, intenta que lo identifiquemos con este canciller. Aunque sea socialdemócrata.

Pero no. El error es aún más burdo: en la wikipedia en inglés mencionan a Helmut Schmidt (pero correctamente como ex canciller) en relación con los Diarios, aunque de una forma algo peregrina: por una cita de la Pittsiburh Post-Gazette del 26 de abril de 1983. Allí mencionan las dudas expresadas por el former Chancellor Helmut Schmidt, who told a small group here Sunday night.

¿Cómo se llega, de la opinión de un excanciller expresada ante un pequeño grupo de personas un domingo por la noche, y publicada en un periódico de Pittsburg, a:
El canciller alemán Helmut Schmidt dudaba de su autenticidad y decidió comprobarla.
Pues muy fácil, Copiando mal y rápido de la wikipedia. Eso sí, de la inglesa, para que se note menos.

Al llegar a este punto, quizás merezca la pena retroceder un poco y comprobar algún dato de la anterior parrafada sobre los falsificadores nazis de moneda. Cualquiera puede hacer el ejercicio, basta con abrir una ventana con el texto de Cesar Vidal y otra con el de la wikipedia en inglés. Yo aquí he marcado en rojo cómo van coincidiendo. Y en el mismo orden, para qué nos vamos a complicar.
Comparación de los datos en "De falsarios y falsificadores" y el artículo de la wikipedia 
Un trocito más.
Curioso, los datos son estrictamente los mismos, y en el mismo orden, desde los poco relevantes (como la graduación del tipo a cargo del asunto) a alguno importante. Y lo mismo pasa con la entrada de los diarios de Hitler. Pero, además del error con el excanciller Schmidt, comete otro cuando atribuye a Kojau la compra de "inmuebles en España", cuando la wikipedia cita al intermediario Heideman, Y es que eso de copiar es muy cansado. A veces hasta lo haces mal.




Toda esta chapuza para vincular a todas las falsificaciones cometidas en la humanidad, desde la serpiente de Adán y Eva, con las que ahora publican todos los periódicos menos este, casualmente dirigido por el antiguo director de comunicación de Rajoy en varios ministerios. El resto de medios, a derecha e izquierda, hace tiempo que se han rendido a la evidencia. Los diarios de Hitler, como decían por aquí, son muy socorridos a la hora de hablar de falsificaciones. Ademas el artículo de la wikipedia en inglés tiene la ventaja que mencionar a bastantes grafólogos peritajes caligráficos... pero Vidal no se molesta en recordar un dato que sí figura en su "fuente": que lo decisivo entonces fueron los análisis del papel y la tinta, ¿Otra muestra más de dejadez, o es que ese dato no le sirve para que sus lectores sigan sin perder de vista cualquier paralelismo con los escritos de Bárcenas?

Y mira que el tema de las falsificaciones es interesante y da para mucho. Podía haber empezado, por ejemplo, con el cráneo de Piltdown pero claro, el señor Vidal es creacionista, asi que nada de fósiles, aun siendo falsos. ¿Y la donación de Constantino? No, claro, que este periódico le tiene mucho cariño al Vaticano, y algún lector puede ofenderse Total, sólo fue una de las mayores falsificaciones documentales de la historia.

Así que, como quien no quiere la cosa, pues mencionamos que al Pais se la acaban de colar con una falsa fotografía de Chávez. Pero de buen rollito. No vaya a ser que también se hayan documentado en la wikipedia.


PD: Para lectores que no estén al tanto de la actualidad política española, aquí un periodista colombiano que lleva varios años en Madrid resume en pocas líneas la situación.