Las aventuras del abuelo Cebolleta, y el mito de la errata eterna.

Recientemente en varios foros (aquí, pero sobre todo aquí) ha saltado el tema de esta bitácora, las erratas en los libros, preferentemente de historia militar.

Por supuesto, ya están quienes han opinado “qué malos son los ordenadores”, o “cuán perversos son los empresarios”. Que lo son. Pero bueno, pues ya no me aguanto más. Yo también voy a contar mis batallitas.

En la prehistoria también existían las erratas

A mis 19 añitos, cuando entregaba mi sección al periódico local en mi olivetti a doble espacio me fascinaba cómo se transformaba todo eso que yo escribía en letra impresa. Menos mal que también tenía mi copia con papel carbón, porque las faltas de ortografía, sintaxis... Desaparecían párrafos, algo normal entonces y que asumías por "profesionalidad", pero que cambiaran su orden... Y por supuesto, mis indicaciones para que esto o aquello se pusieran en negrita o cursiva, pese a hacer las marcas como me decían, o no se seguían o se deslizaban por todo el párrafo. Eran (ahora lo sé) los inicios de la fotocomposición, y las quejas eran las mismas que las de ahora con “los ordenadores”. Los linotipistas estaban desapareciendo, y los operarios ante esas pantallas monocromas se suponía que podían trabajar más rápido, cometer menos errores, e incluso rectificarlos. Un poco más tarde, en otro periódico, ya no había teclistas, sino que te tenías que aprender los códigos necesarios como para componer los textos, y luego los “enmaquetadores” componían la página. Por supuesto, si eras un pardillo como yo, te entretenías con el artista y sus botes de spray intentando que lo tuyo fuera arriba a la izquierda, y no a una columna pegado a la publicidad. Por entonces en toda la provincia no había una sola imprenta que hiciera “selecciones de color”. Los escáneres a color, cuando llegaron, eran inmensos armarios de varios millones de pesetas, y los profesionales que los manejaban llevaban bata y guantes de goma (no látex). La “computadora” sobre la que se almacenaba todos los días el periódico abultaba tanto como la redacción. Todos los días para hacer el número siguiente se borraba. Y teníamos dos, ya que una vez simplemente hubo que repetir todo el puñetero número porque el "parato" se borró, supuestamente él solito. Y por supuesto había erratas. Por todas partes. Y cosas peores. Imagínense en los ochenta en un titular firmado por una compañera “XX llama puta a su adversaria política”. No era falta de vocabulario, o ganas de llamar la atención. Simplemente una palabra más larga no cabía en el titular, era muy tarde y por supuesto ya no existían correctores de galeradas, qué narices, los universitarios se encargaban de todo... (Por supuesto, ni siquiera el redactor jefe se había molestado en terminar la carrera).

Iluso que seguía siendo uno, me vine para la capital. En la facultad, incluso, tenían unos ordenadores pequeñitos con el logotipo de una manzana mordida, y unos programas en inglés para “diagramar”, que en la distancia me suena a una versión de XPress 2x. Yo me había gastado un pastón en un 386 y un amigo mío había dado un curso del INEM donde me fotocopió los manuales de Page Maker, que a mí para maquetar me parecía claramente inferior al entonces revolucionario Word, y para escribir muy inferior al WordPerfect. Si a alguien le suena lo que estoy escribiendo, que no se escandalice demasiado ante mi inexperiencia; acababa de ser abducido por Windows 3.0 en un 286, acababa de abandonar el WordStar, y antes al LocoScript, y aún faltaba un tiempo para que las primeras impresoras de chorro de tinta (monocromas) bajaran de las cien mil pesetas.
-Continuará-

Los bárbaros de Barbero


Alessandro Barbero: El día de los bárbaros, Adrianópolis, 9 de agosto de 378.

Colección: ARIEL GRANDES BATALLAS 240 pgs. Tapa dura. PVP: 19,50 € ISBN: 84-344-5321-0


Me parece que empiezo a añorar aquellos días en los que empecé este blog, a la caza y búsqueda de erratas y gazapos, y lo digo porque, afortunadamente, cada vez veo menos. En esta ocasión, por ejemplo, no he encontrado nada que criticar, a no ser el precio. Implecablemente escrito y traducido; con una bibliografía en la que se ha cuidado el detalle de indicar ediciones españolas de títulos que no son de la misma editorial; el diseño editorial, limpio y sencillo, nos hace olvidar que por un libro que se lee en una tarde hemos pagado casi veinte euros.
Y Barbero está impecable. Aunque realmente nos engañe con "sus" tesis, la descripción que hace del bajo imperio y de sus barbáricos vecinos es vigorosa, implacable, precisa, con todas sus aristas intactas. Su fidelidad, pero no sometimiento, a las fuentes es absoluta.
En realidad, me dicen los especialistas, Barbero apenas escribe una apostilla a un debate iniciado por W. Goffart hace casi treinta años sobre la integración de los foederati (que son, y no, bárbaros) en el Imperio. Algo se puede leer en español en La edad media a debate. L. K. LittleG. H. Rosenwein (ed.) Akal, Madrid 2003. El ensayo de Goffart es el primero. Pero si lo que les ha llamado la atención es la pluma de Alessandro Barbero no sufran, en breve comentaremos su "Waterloo".

Cómo disparar un arcabuz en sólo ventisiete pasos



Varios Autores: Técnicas bélicas del mundo antiguo (3000 a. C. - 500 d.C.) Equipamiento, técnicas y tácticas de combate.
Varios Autores:
Técnicas bélicas del mundo medieval (500-1500) Equipamiento, técnicas y tácticas de combate.
Varios
Autores: Técnicas bélicas del mundo moderno (1500-1763) Equipamiento, técnicas y tácticas de combate. Editorial Libsa, 20 x 27 cm. 256 pgs. cada uno. Cartoné.

Por fin ha salido el tercer tomo de esta interesante serie, traducida al español por Libsa. Ciertamente, como el resto de títulos de esta editorial, no está dedicado a un público muy especializado, pero tampoco es una simple colección de dibujos e ilustraciones, como resulta bastante habitual en este tipo de productos.

Los autores son especialistas más o menos académicos, pero el producto conseguido es bastante ameno, siempre y cuando te interese el tema, claro. Cada uno de los tomos tiene la misma estructura: infantería, caballería, mando y control, guerra de asedio, y guerra naval. La perspectiva es quizás excesivamente eurocéntrica, pero los temas tratados eran ya lo suficientemente amplios como para quejarse porque no se mencionen apenas técnicas o batallas de otros lugares del mundo. Pero quitando a Connolly, que ilustra parte del tomo dedicado a la guerra antigua, las ilustraciones y los mapas son lo de menos. El texto como mínimo es correcto, y algunos capítulos son especialmente brillantes, aunque en ningún momento se apartan de un punto de vista, digamos, muy anglosajón.

Si nunca consiguió entender cómo se organizaban los remeros en una quinquerreme, qué era eso de la tercerola, la formación en cuadro o cómo asediar una fortaleza de Vauban, éstos son sus libros. Si por el contrario busca descripciones de batallas... también las hay, a veces por duplicado (no se coordinaron demasiado bien los distintos capítulos) pero con excepción de las del tomo dedicado a la era antigua no resultaron demasiado logradas.

Incluyen vocabulario, índice analítico y bibliografía. Que no hagan ningún intento de adaptarla es lo habitual en las ediciones españolas, así que no resulta sorprendente que te citen las obras de "Xenophon" o "Thucydides" por sus títulos en inglés. Pero que en los tres tomos introduzcan todos los libros ilustrados del catálogo de Libsa sobre la segunda guerra mundial o la guerra civil española resulta más que desconcertante. ¿De verdad una bibliografía tiene interés publicitario?

Ediciones originales:
Fighting Techniques of the Ancient World (3000 B.C. to 500 A.D.): Equipment, Combat Skills, and Tactics. Simon Anglim, Rob S. Rice, Phyllis Jestice, Scott Rusch, John Serrati
Fighting Techniques of the Medieval World: Equipment, Combat Skills and Tactics.
Matthew Bennett, Jim Bradbury, Kelly DeVries, Iain Dickie, Phyllis Jestice
Fighting Techniques of the Early Modern World: Equipment, Combat Skills, and Tactics.
Christer Jorgensen, Matthew Bennett, Michael Pavkovic, Rob S. Rice, Frederick S. Schneid, Chris Scott
Thomas Dunne Books 2001 - 2002

Otros últimos en Filipinas

Hampton Sides: SOLDADOS DEL OLVIDO: LOS ÚLTIMOS SUPERVIVIENTES DE BATAAN. Salvat, 2003. 308 pgs. Aún se encuentra en saldos.
ISBN: 8434527898. ISBN-13: 9788434527898

Siguiendo con la temática anterior, y ya que el frente del Pacífico de la SGM está de moda por las recientes películas de Clint Eastwood, Banderas de nuestros padres (2006) y Letters from Iwo Jima (2006), rescato este libro, que aún puede encontrarse en saldos, y que también tuvo, más o menos, su película, El gran rescate (2005) aunque creo que no llegó a estrenarse en cine en España y que salió directamente en DVD. También tuvo, más o menos, su documental, aquí emitido en Canal Historia.
¿Y por qué la coletilla "más o menos"? Pues porque la película está basada más en el relato de otro autor, William B. Breuer, haciendo hincapié en la "espía" norteamericana, y no en la narración, más militar, de Sides, mientras que el documental se centra en el rescate de otro campo de prisioneros de Filipinas, igualmente realizado sin apenas bajas (excepto anónimos filipinos, claro) por un batallón muy bien entrenado pero que nunca había entrado en combate.
La película, pese a estar firmada por un director de prestigio, no logró emocionarme más allá de su excelente inicio (que por cierto coincide con el libro de Sides). También es cierto que ya había leído el libro y que poco de la trama podía sorprenderme. Respecto al trabajo de Sides, lo considero más que correcto, y muy injusto que este libro, relegado a los saldos hace más de un año, aún pueda encontrarse sin dificultad, mientras que auténticos bodrios con los que compartía colección se vendieron sin problemas. También es cierto que el título es poco atractivo frente a otros como "los zorros de la guerra" o cualquier cosa firmada por tom Clancy. Aquí hay muy poca acción militar que narrar, y sí mucha planificación y logística. Sin embargo, si bien este libro sigue el mismo esquema de todos los libros de este tipo, con testimonios de supervivientes cuyo mayor mérito es haberse mantenido vivos hasta la redacción del libro sesenta años después, en este caso Sides es más hábil o menos torpe que otros autores que ya he ido comentando, y consigue de verdad interesar y emocionar narrando unos hechos a priori tan remotos. La comparación con otros crímenes de guerra o con el Holocausto es inevitable, y viene bien para recordar que no sólo los nazis eran los "malos" en el Eje, ni tan siquiera entre las instituciones del estado alemán. Pero eso lo dejaremos para otras ocasiones.

Pacific Alamo, o la peli de marines al revés

Wukovits, John: Pacific Alamo la Batalla de la Isla de Wake
Inédita Ediciones, Barcelona 2004 (tapa dura) y 2006 (bolsillo) 445 pgs.
ISBN(13): 9788493356439.
ISBN: 849636450X.
También publicado en la colección de kiosco "Grandes batallas" de RBA.
Edición original: Pacific Alamo: The Battle for Wake Island; 1º edición en 2003.



El esquema general de todas las películas y batallas de los marines en el frente del Pacífico no suele registrar muchas variaciones. Los (casi siempre) taimados y traicioneros japoneses se esconden en una isla. Los de la Marina, que en el fondo son buenos chicos, bombardean la isla, aunque no lo suficiente. Por el aire también lo hacen, aunque este suele ser un buen momento para recordar que también hay marines voladores. Y por fin desembarcan los (auténticos) marines, pero los (casi siempre) cobardes japoneses, en lugar de aguantar las bombas a pecho descubierto, se han escondido en todo tipo de agujeros y de búnkers. Invariablemente fingen estar heridos y atacan por la espalda, o terminan siendo tan panolis como para cargar repentinamente con armas blancas a los (más o menos) perplejos marines, que no terminan de encontrar comprensible tanta perfidia por parte de un enemigo que, además de gafotas, es bajo y canijo.

En esta ocasión el planteamiento es (más o menos) el contrario: son los marines los que se defienden, y los japoneses los que deben conquistar la isla. Lo curioso es que precisamente ésa fue la táctica que adoptó el comandante (de la guarnición de marines, no de toda la isla): hacer creer al enemigo que el atolón estaba indefenso debido a los bombardeos, y no disparar hasta que los blancos fueron seguros sobre unos confiados destructores. El resultado, el único desembarco abortado por la artillería costera en toda la segunda guerra mundial, además de dos destructores y un submarino hundidos por el efecto combinado de la artillería de costa y los Wildcat con base en el atolón, además de un crucero ligero dañado.
Más buques fueron destruidos en el segundo y definitivo asalto al atolón, pero prefiero no entrar en detalles que pueden encontrarse aquí, aquí (la versión oficial del USMC), o en la Wikipedia en inglés, (una versión anterior -y defectuosa- de ese artículo está en español). Y por supuesto en este mismo libro, para el que Wukovits ha entrevistado a veteranos civiles y militares, además de algún que otro testimonio de los japoneses que tomaron parte en el asalto. Vale, de acuerdo, sólo uno. Pero por lo menos lo ha intentado.

Aunque en su momento fue aprovechada por la propaganda de guerra estadounidense, no ha pervivido demasiado en la memoria colectiva. Buscando alguna referencia en seis voluminosas historias globales de la segunda guerra mundial, sólo he encontrado una mención a la isla... sobre los motivos para dejarla de lado en la ofensiva de 1944. Por sus dimensiones y situación no es que fuera más o menos importante que Tarawa o Midway... o que Johnston o Palmyra (en español la nota es más breve). Pero en ninguno de estos sitios se produjo una defensa no esperada por nadie, menos aún por la Navy, que era muy consciente de lo precario de sus defensas. Tan asombroso como el desempeño de su artillería de costa, servida por marines, fue el de su escuadrón aéreo de defensa, el VMF-221, y la combatividad de al menos un tercio de los trabajadores civiles de la constructora Morrison-Knudsen y de la compañía aérea PanAm, a los que la guerra sorprendió en el atolón.
Durante los 60 hubo cierta polémica acerca de si los marines se apropiaron en exclusiva del mito de Wake, olvidando que la base era de la Marina y que quien estaba al mando era Cunningham, y subordinado a él estaba el comandante del destacamento del 1º batallón de defensa de los marines, James P.S. Devereux. También había personal del ejército, un oficial y cinco de tropa encargados de las comunicaciones, y que debían dar enlace con los B-17 que emplearían la base como escala hacia las Filipinas. También es cierto que, en su momento, la Navy tenía suficiente con el desastre de Pearl Harbor, y no se sintieron tentados de reclamar ningún protagonismo en Wake cuando pensaban que iba a caer de forma inmediata.




Igualmente fuera del tópico están las tácticas japonesas para la conquista del atolón. Para el primer intento contaron con apenas 450 efectivos. Para el segundo y definitivo, 1500 soldados, que tomaron tierra en noche cerrada y en dos islas distintas, mientras que la guarnición era de unos quinientos... sin contar casi 1100 obreros civiles que estaban construyendo la base. De ellos un tercio intervino voluntario en la lucha, mientras otros siguieron colaborando en los trabajos de fortificación y el resto se acogió a sus contratos y se negaron a participar en nada. Afortunadamente para los militares y para casi todos los civiles, en unos meses fueron distribuidos en diversos campos de prisioneros por todos los dominios japoneses. Los 98 civiles que siguieron en la isla fueron fusilados sin contemplaciones por el comandante japonés Sakaibara a la primera sospecha de que los norteamericanos iban a desembarcar. Aunque alegó que sólo cumplía órdenes, por este y otros crímenes de guerra fue condenado a muerte, aunque algunas fuentes dicen que le fue conmutada por cadena perpetua.

Es inevitable en estos momentos recordar a los omnipresentes batallones de trabajadores coreanos de Betio, Iwo Jima... A día de hoy, los coreanos asumen que ninguno de sus compatriotas fue nunca tentado para ser asimilado como súbdito japonés, aunque estén acreditados unas decenas de kamikazes coreanos.


Si hay peli ¿para qué leer el libro?

Producida y estrenada a toda prisa (el atolón se rindió el 23 de diciembre de 1941, y el film se estrenó el 11 de agosto de 1942) Wake island no es de lo mejor que ha producido el cine bélico, ni siquiera el de propaganda, pero se deja ver. A fin de cuentas los guionistas son W.R. Burnett (Hampa dorada, La jungla de asfalto) y, ejem, Frank Butler, que como guionista de varias de "El gordo y el flaco" introdujo una pareja de marines que nos los recuerdan bastante. Aunque tuvo cuatro nominaciones a los Oscar (y nada menos que en mejor película, director, guión y actor secundario) es posible que no se estrenara en España, que en esas fechas se surtía de otras cinematografías.

El valor histórico del film, en cuanto reflejo de los hechos bélicos del asedio y caída de las islas del atolón de Wake es casi nulo. En cuanto a reflejo de una época y de una forma de enfocar la propaganda de guerra, es imprescindible. Según el libro de Wukovits, cuando los supervivientes la vieron no les gustó en absoluto, y les pareció errónea en todos sus detalles: uniformes, armas, geografía de la isla... Sin embargo, creo que puede decirse lo mismo de cualquier otra película sobre la segunda guerra mundial anterior a 1998, sin que ello suponga que desde entonces se haya alcanzado la perfección absoluta. Pero la inmediatez a los hechos narrados hace que, por ejemplo, los Wildcat sean efectivamente Wildcat (y no Hellcat o Corsair, como en casi todas las pelis de marines) y que se molesten en disfrazar no sé qué avionetas (Culver o Fairchild, o quizás CW-21 Demon) como ki-27 japoneses (que era imposible que intervinieran en Wake), e incluso imágenes de auténticos ki-21 que por lo menos sí podían llegar desde bases japonesas, aunque lo más seguro es que fueran G4M "Betty"

El retonnno

Veremos si soy capaz de dedicarme de una vez a esto de escribir una bitácora.
Sin renunciar a su restringida temática, dos nuevas premisas:
Brevedad.
Inmediatez.
A escribir entradas más o menos sustanciosas, pero escribirlas y publicarlas, sin esperar años.

Tres no son multitud

Tras la incorporación de rasras, era inevitable el que en su estela más y más colaboradores se incorporen a este nuestro humilde (y herrático) blog. Ante su calidad, confío que también sean capaces de mantener una regularidad que yo solito no he sido muy capaz de conseguir (hasta ahora).
Sin mucho más que decir, les dejo con Amayo; espero que sus consejos les sean útiles, y que su colaboración no se quede en puntual.