Muere el piloto que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima

El protagonista del libro de la entrada anterior, Paul Tibbets, falleció el 1 de noviembre. Fue mucho más que el piloto del Enola Gay, y nunca expresó la menor duda sobre la legitimidad y oportunidad de su misión.

Tibbets pidió que sus restos fueran incinerados y sus cenizas esparcidas sobre el Canal de la Mancha.

Un saldo merecido

THOMAS, GORDON; MORGAN-WITTS, MAX: Enola Gay (Ruin From the Air) Ediciones B. Colección Crónica Actual, Barcelona 2005. 524 pgs

Sí, ya lo sé. Todo el día hablando de saldos, de liquidaciones, de buenos libros que ignominiosamente han acabado en los puestos de baratillo cuando merecían reediciones en formatos de lujo... en esta ocasión no es así.
Enola Gay es, otra vez, un libro que sale de un documental, o una investigación para un documental reescrita en formato de libro. Y aunque soy de los que consideran que el tema es apasionante, estos señores han conseguido hacerlo completamente aburrido. No es que se pierda explicando las bases científicas -o morales, o éticas- del asunto. Es que, sencillamente, el proceso de entrenamiento de todo el grupo de bombardeo, con sus requerimientos de seguridad, con sus rencillas personales, su quítame allá esta prioridad o repíteme qué menú comieron el 4 de agosto, es demasiado trivial para llenar quinientas páginas cuando, desgraciadamente, todos sabemos cómo es el final.
Víctimas de las circunstancias , el escribir sobre la segunda guerra mundial sesenta años después de los hechos lleva a todos estos autores, siempre, a los mismos defectos. Se fijan más en el testimonio de los que han conseguido encontrar aún vivos, sin importar que sea el cocinero o el guardia de la puerta número 3, que no en los testimonios de los protagonistas, ya fallecidos, pero que en su mayoría ya se han publicado y son de dominio público. No se busca ninguna nueva interpretación o enfoque de los hechos, sólo el narrarlos, pero con tanta asepsia que aburren hasta al más interesado, más que nada porque no queda ya nada interesante para narrar.
En su descargo hay que decir que por una vez, la "coartada" que hacen todo este tipo de libros intentando reflejar el punto de vista japonés no aparece forzado ni metida a calzador, de hecho es lo más interesante de un tomo, por lo demás perfectamente olvidable.

Violetas de marzo

Kerr, Philip: Violetas de marzo (Berlin Noir. March Violets) Editorial RBA Colección: bolsillo/negra. Barcelona 2007. 384 páginas.

La verdad, no soy un apasionado de la novela negra, y eso que lo he intentado en varias ocasiones. Hammett, Chandler, Irish... pues nada, conseguía acabar sus novelas, pero poco más. Prefiero mil veces sus equivalentes fílmicos, tengan o no equivalentes literarios. Sólo consiguieron crear tópicos, pero es el cine quien les ha sacado partido. Sin embargo, hay autores más "contemporáneos" que he seguido, y sigo, con una pasión que no pudieron despertar sus referentes. Chester Himes, Jerome Charyn, pero también Lorenzo Silva o Andreu Martín hacen que siga leyendo novelas de este género, mientras aún tengo "La dalia azul" en edición de Bruguera pendiente de lectura .
¿Y la novela histórica? Aquí me pasa lo contrario; me encantan los grandes clásicos (desde Flaubert a Robert Graves, Gore Vidal... en este género soy tan antiguo que incluso me gusta Enrique Gil y Carrasco). Ferviente seguidor de la máxima de Cervantes, de que "no hay libro malo", sólo en tres ocasiones he dejado un libro sin terminar, y ente ellas sólo una novela: El Cid, de José Luis Corral (al que aquí pegan un buen repaso).
Con estos gustos, lo raro es que me haya dado por comprar, aun siendo verano, "Violetas de marzo" de Philip Kerr, por puro impulso y sin saber nada del autor o de su obra.
El texto de la contraportada casi es contraproducente, por lo menos para mis gustos. Tres líneas sobre el autor y, en resumen, una "novela negra" ambientada en la Alemania nazi, y encima con continuación. Pero fue el "ojeo" el que me decidió. El detective vive en la Alexanderplatz. Los chistes son muy malos, pero de la época. La prosa es ligera pero no insustancial, y aunque veo que mencionan constantemente a Goering y su lucha con Himmler, finalmente me decido más por ver de qué va que por esperarme una obra maestra.
Y, señores, me ha encantado. No me he puesto a comprobar enciclopedias en mano la parte histórica, pero para estar escrita en 1989 la atmósfera me ha parecido muy verosímil. La trama, lo suficientemente retorcida como para atraparte pero no tanto como para despistarse entre tanto nombre germano, marca de coche y de cigarrillos. Abusa un poco de ese recurso de la "novela histórica", según la cual el protagonista se codea todos los días con todas las personalidades de su tiempo, pero es normal que si quieres escribir una trama policíaca en el Berlín de 1936 los jerarcas nazis salgan hasta en el chucrut. De hecho, fui inmediatamente a comprarme la siguiente parte. Y aquí empiezan los problemas, porque encuentro tres libros, recién editados en bolsillo por RBA, pero en sus tres contraportadas mencionan que forman parte de una tetralogía. Y eso que según esas contraportadas el tercero tiene un final bastante apocalíptico. Para encontrar por Internet esa cuarta parte ha costado, y mucho. La wikipedia española a día de hoy proporciona como información únicamente el texto de las solapas de sus novelas, además de una lista de sus obras, traducido de la wikipedia en inglés. No debe ser un autor demasiado importante, y encima ya con este poco material se nos ofrece un pequeño problema, pues en ambos wikis se habla de "Berlin noir" como una trilogía, y no como tetralogía. Rebuscando un poco más por Internet encuentro reseñas favorables a otros títulos suyos publicados en Anagrama y por fin llegamos a su página oficial realizada en Flash, muy bonita, pero completamente enfocada, al igual que su blog, para el público infantil de su serie Children of the Lamp.
De no ser por la bitácora de Brigada21, (y vale, también la web de RBA) habría pensado que la serie de Berlin Noir era sólo una trilogía, ya que incluso ya ha sido reeditada en un sólo volumen por Penguin) y no una tetralogía, con lo que las aventuras del detective Bernhard Gunther como afirman las tres contraportadas de los tres volúmenes reeditados en bolsillo por RBA.
Para mayor confusión, la web de RBA no recoge en ninguna parte la reedición que han realizado ellos mismos, en bolsillo, de estas tres primeras novelas. Y ya puestos. ¿no encuentran un poco demasiado parecido el diseño de estas dos portadas?


Últimas rebajas del verano

Pues nada, que pasa volando, y con esa manía que tengo de crear reseñas enciclopédicas al final no publico ninguna.

Rebuscando entre las diversas novelas de sectas y conspiraciones, pseudohistoria de las religiones y del arte, libros de famosetes y demás morralla de saldo, aún puede encontrarse un título interesante de Ediciones B sobre la génesis y lanzamiento de las primeras bombas atómicas: Enola Gay, de Gordon Thomas y Max Morgan-Witts. Título original, Ruin from the Air. También está saldado otro título de Thomas, "el espía del Mossad", se supone que también reportaje histórico y no novela.
Lo cierto es que no he leído ningún título de estos señores (Morgan-Witts tiene uno sobre Guernica), pero como me gustó mucho Creadores de sombras (1989), (Título original, Fat Man and Little Boy) pues eso.

Las rebajas del verano

Este año parece que no hay demasiados saldos en libros de esta temática, aunque también es cierto que no he tenido tiempo aún de visitar ninguna gran cadena de grandes almacenes...
De momento, siguen los saldos de varios títulos de "La máquina y la historia" de Quirón ediciones (sobre artillería, aviación y carros de combate en la guerra civil española, supongo que superados por el super tocho de La Esfera, y "Varsovia, 1944" de NormanDavies, publicado por Planeta en 2005 y saldado este verano.

Simplemente Vecinos


Gross, Jan Tomasz : Vecinos. El exterminio de la comunidad judía de Jedwabne, Polonia. (Neighbors. The Destruction of Jewish Community of Jedwabne, Poland, 2001. Traducción de Teófilo de Lozoya). Editorial Crítica, Colección Memoria/Crítica
Barcelona 2002. 256 pgs. 15,5 x 23 cm, Tapa Dura
ISBN 84-8432-325-0
Esta reseña del libro de Gross la tenía "en reserva" hace tiempo. La recupero porque estoy con la lectura de "Varsovia, 1944" de Davies, y me está dejando a cuadros, y eso que ya lo recomendaba la lumbrera de Vidal...
Tal y como indica el subtítulo, "Vecinos" trata de la masacre de Jedawbne, una pequeña aldea polaca cerca de la Prusia Oriental, donde la mitad polaco-católica de sus 3000 habitantes masacró con palos, piedras y otras armas de fortuna a la otra mitad polaco-judía, ante la estupefacción de los escasos alemanes presentes.
Esta comarca de Polonia pertenecía a la mitad ocupada por los soviéticos de septiembre de 1940 a julio de 1941; Los sucesos tuvieron su precedente nada más ser ocupado el pueblo por los alemanes en "Barbarroja", con el asesinato de dos familias judías. Los polacos recibieron a los alemanes como libertadores, con arco triunfal y todo. A finales de mes, los escasos policías alemanes presentes autorizaron a la comunidad polaca, con su alcalde a la cabeza, a realizar un "pogrom", pero no se esperaban que éste terminara con la muerte de todos los judíos del pueblo, a excepción de los que tenían en la cárcel los alemanes (que terminaron en Auschwitz, aunque alguno sobrevivió), y los que protegió una familia polaca.
La "justificación" de esta barbarie fue que los judíos habían colaborado con los soviéticos; en un típico caso de desplazamiento psicológico, el recibimiento que los polacos dieron a los alemanes se dijo que lo habían tributado los judíos a los rusos en 1939... algo completamente falso, tanto en este pueblo como en toda la Polonia oriental, como demuestra Gross. En el pueblo había polacos comunistas que también fueron purgados nada más tomado el lugar, pero en esas fechas los alemanes no se esperaban tamaña reacción de los campesinos polacos.
Poquísimos judíos del pueblo eran hasidim, y en nada se diferenciaban por riqueza o trabajo de sus vecinos. Las relaciones entre ambas comunidades eran excelentes durante los años anteriores, como atestigua, aparte de documentalmente, un rabino neoyorquino que en su infancia en los años 20 fue compañero de juegos de varios de los verdugos...
El autor confiesa que no encuentra una explicación. No tiene la "soberbia" (entre comillas, ahora no se me ocurre un adjetivo más adecuado) de Goldhagen de ser capaz de encontrar la "piedra filosofal" que explique cómo medio pueblo torturó, humilló y terminó matando con los métodos más crueles a su alcance a la otra mitad. Eso sí, apunta muchas pistas, entre ellas tres que normalmente se olvidan a la hora de intentar comprender cómo gente corriente, no jóvenes nazis con el cerebro lavado, no inhumanos SS especialmente adiestrados, fueron capaces de realizar semejante barbarie.
Primero, el antisemitismo tradicional católico de Polonia, y especialmente el de la “Nueva Polonia” de Pilsudski. Los últimos “pogroms” en lo que después fue Polonia no tiene unos antecedentes tan lejanos, 1916, y el anterior en 1856... Pero incluso entonces el estado ruso zarista no era tan profundamente antisemita como el nazi. Había unos autoridades a las que recurrir, a las que sobornar para que procurasen que reinase el orden y que contuvieran a los fanáticos. También hay que tener en cuenta que estamos hablando de una zona rural de las más atrasadas de Polonia, siempre a caballo entre Prusia y Rusia.
Segundo, la codicia. No es que los judíos fueran más ricos que los polacos, pero para los ejecutores suponía doblar sus pertenencias. Varios de los procesados en 1947 reconocieron que habían ocupado casas de judíos “porque estaban abandonadas”, un matrimonio en concreto tuvo la desfachatez de decir que el hijo de los muertos les había pedido que vivieran con él, porque la casa era muy grande y tenía miedo... En 1943, el alcalde fue arrestado por los alemanes por no haber repartido con ellos el botín.
Tercero, la descomposición del orden normal de convivencia, la impunidad que representaba la permisividad alemana, mayor que la que podía haber supuesto el zar más antisemita. La zona había conocido cuatro guerras y varias ocupaciones: 1914-18, 1920-21, 1939, 1941. Guerrilleros polacos habían actuado en la zona durante los 20 meses de la ocupación soviética, y siguieron actuando después contra la ocupación rusa de 1945 hasta fechas tan tardías como 1957. En este contexto, el que unos vecinos no especialmente antisemitas decidieran culpar a medio pueblo de todas las guerras y desastres, para de paso quedarse con tierras y casas no resultan tan terriblemente extrañas para el resto del género humano.
Este libro se publicó primero en Polonia, en el 2000, y generó una gran polémica, ya que fue el caso más grave, pero no el único, que se dio en el verano de 1941. Todavía hubo pogroms en la Polonia de 1946 y 47, víctimas tanto de un antisemitismo medieval como del estupor de ver a judíos intentar regresar a unas casas que sus vecinos ya daban como definitivamente abandonadas.

Las aventuras del abuelo Cebolleta, y el mito de l...

Las aventuras del abuelo Cebolleta, y el mito de la errata eterna (II)

Para no alargarme eternamente, “a las cabañas subí, a los palacios baje”... las erratas son eternas pero, ciertamente, hay sistemas para reducirlas al mínimo posible.
Uno de los mayores problemas, de siempre, está en que “los de letras” nunca se llevan bien con las máquinas. Es más, a poco que seas capaz de saber si un documento cabe o no en un disquete, ya eres “el informático”, y eso es muy, muy malo, porque va contra todos los tabúes de la tribu.
Por centrarme sólo en el aspecto editorial de libros, el tamaño de la empresa importa, y mucho. Primero porque las grandes no ahorran en lo que es más barato, los correctores, pero sobre todo porque hay “compañeros” capaces de leerse libros que no son suyos para en alguna reunión soltar, como quien no quiere la cosa “por cierto, el otro día en el libro de Pepito encontré una errata de lo más graciosa...”.
Las pequeñas son otro mundo, marcado sobre todo porque el dueño de todo el cotarro está mucho más presente e, incluso, a veces hasta trabaja de forma “manual”, es decir, intenta estar en todos los detalles. Pero no conozco a uno solo que no dependa de su experiencia anterior a la hora de organizar su empresa, y lo normal es que no haya sido en producción. Aún peor, sí tiene experiencia en la creación técnica de un libro, sabe lo que es una imprenta, maneja un teclado con más de dos dedos. Entonces aún es peor, porque se habrá quedado anclado en lo que aprendió en su juventud, y aunque apruebe algún nuevo método moderno, al final si algo ha ido mal la culpa será de “los ordenadores”...
El mejor escenario posible: Que el editor, (es decir, el responsable de la edición, de empleado mileurista a empresario) no tenga ni zorra idea de la materia que trata el libro. Contratará al traductor más caro. Lo leerá cincuenta veces, pagará los asesores necesarios, moverá Roma con Santiago y lo comprobará todo las veces que haga falta.
El peor: el editor cree que entiende; como sabe la diferencia entre "romanas" y "egipcias", le encanta esto moderno de poder emplear a la vez cincuenta tipos de letra. Como los programas tienen corrector ortográfico, los libros se corrigen solos, y si no contrata a ese sobrino que le ha salido gafotas. Cuando ve problemas, se va al extremo contrario y contacta con la empresa de preimpresión (perdón, la “fotomecánica”, cuando no la "fotocomposición" o, más sencillamente, el “taller") más grande que encuentra, sin importarle convertirse en su cliente más pequeño.
Otro problema está cuando un saber no se reconoce como “especializado”, como pasa con la historia militar en la colección de CríticaMemoria Crítica”. Si alguien encontrase una errata en alguno de sus libros de ensayo “serio” rodarían cabezas. Pero si es de batallitas ni se enteran.
Por el contrario, cuando sí se considera como un ámbito especializado (como la colección Grandes Batallas, de Ariel) resulta más difícil encontrar errores. Lo gracioso del asunto es que ambas editoriales son de un tamaño respetable, y pertenecen al mismo grupo.
Todos los editores (empleados ascendidos, o empresarios emprendedores) han cometido errores en sus primeros libros. (por no decir: todos los humanos solemos equivocarnos la primera vez que hacemos algo). Curiosamente los que vienen de un ámbito más amateur (libreros, escritores, inversores...) sólo se equivocan una vez, y aprenden en seguida de sus errores. Los demás insisten una y otra vez en los mismos hábitos de trabajo porque claro, son más “profesionales”, y se fían más de “su ojo” y de “su gente” cuando le dicen que se fue la luz, y que por eso la mitad de las correcciones se quedaron “en el tintero”. Algunos pensarán que un libro puede tenerse en preparación todo el tiempo que haga falta, no es un diario o una revista con horas fijas de entrega; pero las editoriales también se deben a sus planes de producción. El cierre en un diario es tema de unas horas, el de un semanario uno o dos días, pero las editoriales se rigen por planes anuales y el "cierre" suele durar dos-tres meses, en los que algún título termina saliendo a trancas y barrancas. Todo esto no tiene que ver nada con el precio final del libro, a no ser que la editorial sea muy, muy pequeñita, pero eso ya lo dejamos para otro día.